Queridos cómplices:
Siento haberme ausentado durante todos estos días.
Estuve cerca de quince días en Galicia y, luego, mi madre me pidió que me pasase por casa, por eso de acordarse de que tiene una hija.
La verdad es que nunca he hablado de mi familia...Y ahora me estoy dando cuenta. Pero eso lo dejaré para otro día... Comencemos por mi experiencia en Galicia que ha sido algo más que interesante.
Estrella es una de mis mejores amigas. La conocí hace tres años cuando decidió presentarse a nosotros, sus vecinos, ya que mi hermano mayor iba a ser su próxima víctima. A esta niña siempre le han gustado los chicos mayores que ella lo que le ha causado más que un disgusto. Fer no era ninguna excepción y, después de una escabrosa historia rota por una estupidez compartida , quedaron como amigos. Amigos que no pueden verse sin caer uno en los brazos del otro.
Mi hermano vive conmigo. Lo que pasa que este año pasado se fue de Erasmus a Alemania y, por esa razón, Estrella ha estado más tranquilita que de costumbre, pisando mi casa sin el temor de acabar en un cuarto que no es el mío.
Pero ese ciego amor por Fer no le ha impedido que viva lo suyo. No es de piedra pero tampoco es tonta. Y siempre logra sorprenderme. Por eso, cuando me llamó al borde de la crisis, sabía que algo se le estaba yendo de las manos.
Así era. Estrella había conocido a un imponente treintañero. Es ingeniero informático y trabaja para IBM. Dejaré su nombre para el anonimato. El chico está soltero y sin compromiso y parecía haber descubierto en mi amiga una buena compañía estival.
Cuando llegué a la estación, Estrella no pudo esperar ni siquiera a que su padre y su hermano me ayudasen con la maleta. Me llevó de la mano corriendo al baño. Y allí me contó todo sobre el informático. No comprendía muy bien cuál era el problema hasta que me saltó de golpe:
- Quiere que hagamos un trío.
- ¿Qué? Pero vamos a ver, ¿tú quieres hacerlo?
- Creo que sí.
- Entonces, ¿qué problema hay?- empecé a dar vueltas a la razón por la que me había hecho irme corriendo al noroeste de España.
- No sé cómo explicarlo.
El hermano de Estrella, Manu , ya nos estaba dando toques al móvil y tuvimos que salir de allí.
En el coche me dediqué a hablar amablemente con la sección masculina de la familia de mi amiga y, de propina, tontear de forma sutil con Manu.
Cuando llegamos ya a casa, su madre nos esperaba con la cena hecha y miles de historias que contar. Ya era cerca de la una cuando fui a ordenar mis cosas a mi habitación y Estrella subió corriendo detrás de mí. Mientras me lavaba los dientes, ella no paraba de mirarme como si quisiese soltar algo y, de repente lo hizo:
- Quiero hacer el trío contigo.
Me atraganté y empecé a escupir espuma, inclinada sobre el lavabo. Cuando conseguí respirar, la miré. Estaba sonrojada y tenía una expresión de cautela. Yo no sabía como reaccionar.
¿Un trío con otra chica? Si fuese con dos chicos, no lo hubiese dudado ni un segundo. Es una fantasía enorme que me lleva acompañando desde mi adolescencia pero ¿con una chica? ¿Y, sobretodo, con Estrella?
- ¿Por qué yo?- la idea de que mi amiga fuese bisexual y que, de propina, le pusiese estaba apareciendo.
- Mira, Mía... Es algo que me da miedo y necesito una amiga a mi lado.
Me ahorré de recordarle que iba a tener a su amiga a su lado, pero sí, desnuda y follándose a su novio.
- Vamos a ver. Si no quieres, ya está. Si tienes miedo, no lo hagas. Es un rollo de verano, cariño. No tienes porqué esforzarte.
- Es algo que, no sé, se lo prometí y... es una experiencia más, ¿no?
- Me estás pidiendo un favor muy grande.
- Lo sé.
- Y me sienta muy mal esta encerrona. Tenías que habermelo dicho antes de venir.
- Lo siento. Era algo que prefería decírtelo a la cara. ¿Qué quieres, que te llame al móvil y te diga: Hola Mía, ¿qué tal el verano?¿quieres hacer un trío conmigo?
- No sé... Pero es que yo no sé como puedo sentirme en esa situación. Nunca he pensado en practicar sexo con una tía y ni siquiera sé cómo es tu informático.
- Frena - Estrella quería explicarse y no la estaba dejando - Lo primero, no te sientas obligada a nada. Conocerías a este chico y si te gusta y te acaba apeteciendo, lo haces. Si no, no me va a sentar mal; no te estoy pidiendo que me prestes un vestido. Lo segundo, él no quiere dos lesbianas dándose el lote frente a él, es uno de los pocos tíos que no le llama la atención, sino dos chicas para él solito.
Dudé un instante:
- Preséntamelo y luego ya veremos.
Dicho y hecho, esa misma noche ya me encontraba en el paseo marítimo con la curiosa pareja. Él contrasta mucho con mi amiga. Si ella es pálida y pelirroja; este tiene una piel morena y un pelo engominado y castaño precioso. No es mi estilo para nada pero no está para hacerle ningún asco. Además es amable, simpático, cortés y le encanta invitar (para algo tiene un sueldo estable).
Cuando nos fuimos a la cama, Estrella me dió un beso en la frente de buenas noches (sí, en el fondo es muy maternal).
- ¿Qué te ha parecido?
Esperé unos segundos en silencio y le respondí:
- Venga, va, ¡lo haré! - me resigne. Ella lanzó un grito de júbilo y se abalanzó sobre mí, abrazándome - Pero que esto no lo sepa nunca Anabel.
martes, 2 de septiembre de 2008
miércoles, 13 de agosto de 2008
IMPREVISTO
Queridos cómplices:
Una llamada desesperada de Estrella de ayer por la noche me ha hecho decidir de repente que me voy a pasar unos días a su casa en Galicia.
Mi amiga está en plena crisis emocional y creo que debo ayudarla (y de propina consigo unas vacaciones).
Cuando vuelva (a más tardar la semana que viene) os informaré de todo lo que pase en la tierra de meigas.
Besos pecaminosos mientras tanto...
Una llamada desesperada de Estrella de ayer por la noche me ha hecho decidir de repente que me voy a pasar unos días a su casa en Galicia.
Mi amiga está en plena crisis emocional y creo que debo ayudarla (y de propina consigo unas vacaciones).
Cuando vuelva (a más tardar la semana que viene) os informaré de todo lo que pase en la tierra de meigas.
Besos pecaminosos mientras tanto...
domingo, 10 de agosto de 2008
ACCIDENTE
Queridos cómplices:
Esta semana era la última en el ciber ( y no he cobrado 350 euros sino bastante más, malentendido que me ha llevado una alegría). Después del cabreo que tenía y que David no paraba de solucionar, llegué con él a un acuerdo. No iba a negarle la palabra pero tampoco a hablar del tema. Conversaciones triviales. Punto.
Y así hasta ayer. Sin embargo, anoche sucedió algo.
Mi madre me dice que soy un imán para los accidentes. Si no salgo perjudicada, tarde o temprano,mi mala suerte afectará a las personas que me rodean. Y su teoría tiene una base empírica. No obstante, nunca ha ocurrido nada más grave que algún moratón o un brazo roto.
Hacía tiempo que mi gafe no me perjudicaba ni a mí ni a nadie. Pero, claro, tenía que pasar. Y ayer fue el momento preciso.
David y yo estábamos organizando los pedidos que habían llegado. Lo típico, las latas para la máquina, bolsas de patatas y similares para el kiosko, chocolatinas... En un acto de caballerosidad (de los pocos que creo que han de seguir conservándose), David se ofreció a mover las cajas mientras yo colocaba las cosas en su sitio.
Todo iba bien. En diez minutos estaría fuera y podría irme tranquilamente a mi casa, dónde me esperaba Ángel con cena y, seguramente, poca ropa.
De repente, mientras colocaba las Pringles en el estante oí un golpe seco, seguido de un quejido:
- Mierda, joder.
David había perdido el equilibrio y se había caído. Acudí a su lado con rapidez.
-No está roto - murmuré - Voy a por hielos.
El bar de enfrente estaba a punto de cerrar pero llegué a tiempo. Cuando regresé con un vaso de litro lleno de cubitos, David, que había pensado un poquito más que yo,se había colocado un par de Coca-Colas de la máquina en el tobillo.
Esperamos a que la hinchazón bajase y al ver que le dolía tanto y que no mejoraba mucho, me empeñé en llevarle a Urgencias.
- Tengo la bici ahí, puedo ir solo.
- Sí, claro. Con el pie jodido. ¿Tú eres tonto?
Llamé un taxi que tardó más de veinte minutos y, después de dos horas en urgencias entre comas etílicos y heridas de botellazos (la gente debe estar muy agresiva últimamente) y un pobre hombre que estaba sufriendo un infarto, nos atendieron.
Esguince de segundo grado, doce días de escayola.
David se enfadó, no sé muy bien si consigo mismo o con el médico, o con los dos.
Tuve que llevarle a casa y aguantar sus protestas. No quería tomar el antiinflamatorio, decía que prefería nosequé remedio natural así que le ignoré y le llevé un vaso de agua.
Con un taburete y un cojín para apoyar la pierna, lo acomodé en el salón.
David vive con su hermana pequeña y su madre en un duplex precioso. Su madre está viuda y, últimamente, se ve con un dentista divorciado. De hecho, están pensando en boda, según me explicó. De esta forma, estaba solo casi todos los días en casa porque su progenitora y la pequeña iban a dormir al chalet del odontólogo.
Como ahora están de vacaciones en Praga, no había nadie que lo cuidase. Me dio bastante pena y decidí quedarme. Llamé a Angel que refunfuñó, más melancólico que enfadado y ayudé a mi compañero a trasladarse a su habitación.
Su cuarto era tal y como yo me había imaginado. Un tapiz enorme de un sol en la pared, una alfombra india y velitas repartidas por las estanterías. Olía a incienso. En el escritorio tenía miniaturas de distintas series manga (sólo reconocí Full Metal Alchemist), dados de rol y una cachimba. En la estantería, había alguna novela, obras de Marx, los libros de Harry Potter, la biografía del Che Guevara y un montón de comics.
- Mira que eres rarito, niño - le dije - Que tienes lo mismo de hippie que de freaky.
- Prefiero que digas que soy original - me reí.
- Vale, chico original - le ayudé a meterse en la cama y me senté a su lado.
-¿ Por qué te estás portando tan bien conmigo? Quiero decir, estabas enfadada.
- Ummm... Siempre me han gustado las obras de caridad. Además, una cosa es que me molestase algo que tú hicieras y otra que te deje solo en una casa vacía sin muletas y sin poder ni siquiera andar.
Nos quedamos en silencio pero él no tardó en romperlo.
- Perdóname. Fue una tonteria.
- ¿ Por qué lo hiciste?
- No lo sé - suspiró y me miró con esos ojos verdes que, pensé, son demasiado bonitos - Supongo que me atraías, me llamabas la atención y quería conocerte.
- ¿ Y no podías pedirme que tomase un café contigo? Sabes, suele funcionar mejor que tomar identidades falsas.
- En ningún momento, nada de lo que te dije fue mentira. Mi identidad no era falsa, sólo que no era desconocida. ¿Y si te hubiese pedido que tomaras algo conmigo me habrías contado todo lo que dijiste?
- No, no suelo ir contando a la gente que le soy infiel a mi novio con desconocidos. No me gusta que me cataloguen de zorra tan pronto.
- La gente es más sincera hablando por Internet, creeme.
- Supongo que de eso sabrás tú más.
Volvimos a callarnos. Esta vez me tocó a mí hablar:
- No voy a echarme un polvo contigo, David.
- En ningún momento he partido de ahí.
Me tumbé a su lado y ahuequé la almohada. Le miré a la cara, muy de cerca.
- Además, nunca cabalgo en la primera cita. - bajé mi tono de voz, más sensual
- Hay otras formas, amazona - sonreí con su juego de palabras.
- Ya has oído al médico, no puedes hacer esfuerzos. - nos reimos a la vez.
- Me recupero pronto - prometió
Estuvimos hablando toda la noche. En algún momento, debí de quedarme dormida.
Esta mañana,cuando me desperté, aún él soñaba. Le miré con ternura, las rastas despelujadas, su expresión de niño travieso. Se abrazaba a la almohada. No pude evitar besarle en la frente. Me fuí antes de que se despertase y me llevé sus llaves, tenía que conseguirle unas muletas.
Esta semana era la última en el ciber ( y no he cobrado 350 euros sino bastante más, malentendido que me ha llevado una alegría). Después del cabreo que tenía y que David no paraba de solucionar, llegué con él a un acuerdo. No iba a negarle la palabra pero tampoco a hablar del tema. Conversaciones triviales. Punto.
Y así hasta ayer. Sin embargo, anoche sucedió algo.
Mi madre me dice que soy un imán para los accidentes. Si no salgo perjudicada, tarde o temprano,mi mala suerte afectará a las personas que me rodean. Y su teoría tiene una base empírica. No obstante, nunca ha ocurrido nada más grave que algún moratón o un brazo roto.
Hacía tiempo que mi gafe no me perjudicaba ni a mí ni a nadie. Pero, claro, tenía que pasar. Y ayer fue el momento preciso.
David y yo estábamos organizando los pedidos que habían llegado. Lo típico, las latas para la máquina, bolsas de patatas y similares para el kiosko, chocolatinas... En un acto de caballerosidad (de los pocos que creo que han de seguir conservándose), David se ofreció a mover las cajas mientras yo colocaba las cosas en su sitio.
Todo iba bien. En diez minutos estaría fuera y podría irme tranquilamente a mi casa, dónde me esperaba Ángel con cena y, seguramente, poca ropa.
De repente, mientras colocaba las Pringles en el estante oí un golpe seco, seguido de un quejido:
- Mierda, joder.
David había perdido el equilibrio y se había caído. Acudí a su lado con rapidez.
-No está roto - murmuré - Voy a por hielos.
El bar de enfrente estaba a punto de cerrar pero llegué a tiempo. Cuando regresé con un vaso de litro lleno de cubitos, David, que había pensado un poquito más que yo,se había colocado un par de Coca-Colas de la máquina en el tobillo.
Esperamos a que la hinchazón bajase y al ver que le dolía tanto y que no mejoraba mucho, me empeñé en llevarle a Urgencias.
- Tengo la bici ahí, puedo ir solo.
- Sí, claro. Con el pie jodido. ¿Tú eres tonto?
Llamé un taxi que tardó más de veinte minutos y, después de dos horas en urgencias entre comas etílicos y heridas de botellazos (la gente debe estar muy agresiva últimamente) y un pobre hombre que estaba sufriendo un infarto, nos atendieron.
Esguince de segundo grado, doce días de escayola.
David se enfadó, no sé muy bien si consigo mismo o con el médico, o con los dos.
Tuve que llevarle a casa y aguantar sus protestas. No quería tomar el antiinflamatorio, decía que prefería nosequé remedio natural así que le ignoré y le llevé un vaso de agua.
Con un taburete y un cojín para apoyar la pierna, lo acomodé en el salón.
David vive con su hermana pequeña y su madre en un duplex precioso. Su madre está viuda y, últimamente, se ve con un dentista divorciado. De hecho, están pensando en boda, según me explicó. De esta forma, estaba solo casi todos los días en casa porque su progenitora y la pequeña iban a dormir al chalet del odontólogo.
Como ahora están de vacaciones en Praga, no había nadie que lo cuidase. Me dio bastante pena y decidí quedarme. Llamé a Angel que refunfuñó, más melancólico que enfadado y ayudé a mi compañero a trasladarse a su habitación.
Su cuarto era tal y como yo me había imaginado. Un tapiz enorme de un sol en la pared, una alfombra india y velitas repartidas por las estanterías. Olía a incienso. En el escritorio tenía miniaturas de distintas series manga (sólo reconocí Full Metal Alchemist), dados de rol y una cachimba. En la estantería, había alguna novela, obras de Marx, los libros de Harry Potter, la biografía del Che Guevara y un montón de comics.
- Mira que eres rarito, niño - le dije - Que tienes lo mismo de hippie que de freaky.
- Prefiero que digas que soy original - me reí.
- Vale, chico original - le ayudé a meterse en la cama y me senté a su lado.
-¿ Por qué te estás portando tan bien conmigo? Quiero decir, estabas enfadada.
- Ummm... Siempre me han gustado las obras de caridad. Además, una cosa es que me molestase algo que tú hicieras y otra que te deje solo en una casa vacía sin muletas y sin poder ni siquiera andar.
Nos quedamos en silencio pero él no tardó en romperlo.
- Perdóname. Fue una tonteria.
- ¿ Por qué lo hiciste?
- No lo sé - suspiró y me miró con esos ojos verdes que, pensé, son demasiado bonitos - Supongo que me atraías, me llamabas la atención y quería conocerte.
- ¿ Y no podías pedirme que tomase un café contigo? Sabes, suele funcionar mejor que tomar identidades falsas.
- En ningún momento, nada de lo que te dije fue mentira. Mi identidad no era falsa, sólo que no era desconocida. ¿Y si te hubiese pedido que tomaras algo conmigo me habrías contado todo lo que dijiste?
- No, no suelo ir contando a la gente que le soy infiel a mi novio con desconocidos. No me gusta que me cataloguen de zorra tan pronto.
- La gente es más sincera hablando por Internet, creeme.
- Supongo que de eso sabrás tú más.
Volvimos a callarnos. Esta vez me tocó a mí hablar:
- No voy a echarme un polvo contigo, David.
- En ningún momento he partido de ahí.
Me tumbé a su lado y ahuequé la almohada. Le miré a la cara, muy de cerca.
- Además, nunca cabalgo en la primera cita. - bajé mi tono de voz, más sensual
- Hay otras formas, amazona - sonreí con su juego de palabras.
- Ya has oído al médico, no puedes hacer esfuerzos. - nos reimos a la vez.
- Me recupero pronto - prometió
Estuvimos hablando toda la noche. En algún momento, debí de quedarme dormida.
Esta mañana,cuando me desperté, aún él soñaba. Le miré con ternura, las rastas despelujadas, su expresión de niño travieso. Se abrazaba a la almohada. No pude evitar besarle en la frente. Me fuí antes de que se despertase y me llevé sus llaves, tenía que conseguirle unas muletas.
jueves, 24 de julio de 2008
ENFADO
Queridos cómplices:
No sé cómo empezar: estoy muy enfadada. No me gusta que se rían de mí y lo han hecho.
Después de dos días hablando con Gamma, estaba casi segura de que había conocido a alguien muy especial. Atrevido, sincero, algo erótico, travieso, simpático... Claro que no me fío de Internet, nunca lo he hecho pero... supongo que, cuando nos aburrimos, buscamos emociones dónde no las hay.
Esta tarde, después de compartir una bolsa de patatas con David (el ciber va a acabar con mi paciencia y mi silueta), volví a chatear con mi nuevo contacto.
Todo iba bien y, al fin, le convencí de que me pasase su foto. Tenía curiosidad; era posible que lo conociese (frecuentamos sitios parecidos) , puede que me hubiese cruzado un día, que fuese un desconocido... Esperé a que descargase el archivo (lo bueno de no robarle red a los vecinos es que no tardó nada) y abrí el documento.
¡No me lo podía creer! Parecía imposible... No podía ser... Aquel chico que salía en la foto, era David. Sí, mi compañero de trabajo (o mejor dicho, el de Fran). Ahí estaba, sonriendo a cámara, con esos ojazos verdes y sus rastas... Increíble.
Estaba claro de que alguien había robado su foto, algún conocido o un idiota que se dedica a pasearse por tuentis y fotolog. También podría ser que, por casualidad, nos hubiésemos encontrado en el chat. El chico nunca me había parecido tan profundo como Gamma pero ya se sabe que las apariencias engañan...
Me puse muy nerviosa. No sabía que hacer y, entonces, le miré.
¡Él me estaba mirando a mí! ¡Y se estaba riendo! Estaba claro que sabía que había hablado conmigo en todo momento. Y le he contado muchas cosas. Me sentí muy violenta y también muy enfadada. No me gusta que jueguen conmigo.
Así que, cómo estábamos a punto de cerrar, apagué el ordenador y me levanté. Uno de los chicos habituales me detuvo para decirme que le pasaba no se qué de un troyano.
- Díselo a David, que sabe de todo mucho. - dije en voz alta. El aludido me dijo algo, supongo que para detenerme. Pero a mí me había dado tiempo a coger mi bolso y largarme de allí. Él se encargaría de recoger todo.
Sé que mi actuación ha sido bastante infantil. No puedo decir nada a mi favor, sólo que me pudo la rabia y la vergüenza. Lo peor es que mañana me toca verle y, seguramente, escuchar un montón de tonterías. De momento, Fran me ha escrito un sms, diciéndome que su compañero le ha llamado, que está muy preocupado.
A veces, pienso que lo que no me pasa a mí no le pasa a nadie.
No sé cómo empezar: estoy muy enfadada. No me gusta que se rían de mí y lo han hecho.
Después de dos días hablando con Gamma, estaba casi segura de que había conocido a alguien muy especial. Atrevido, sincero, algo erótico, travieso, simpático... Claro que no me fío de Internet, nunca lo he hecho pero... supongo que, cuando nos aburrimos, buscamos emociones dónde no las hay.
Esta tarde, después de compartir una bolsa de patatas con David (el ciber va a acabar con mi paciencia y mi silueta), volví a chatear con mi nuevo contacto.
Todo iba bien y, al fin, le convencí de que me pasase su foto. Tenía curiosidad; era posible que lo conociese (frecuentamos sitios parecidos) , puede que me hubiese cruzado un día, que fuese un desconocido... Esperé a que descargase el archivo (lo bueno de no robarle red a los vecinos es que no tardó nada) y abrí el documento.
¡No me lo podía creer! Parecía imposible... No podía ser... Aquel chico que salía en la foto, era David. Sí, mi compañero de trabajo (o mejor dicho, el de Fran). Ahí estaba, sonriendo a cámara, con esos ojazos verdes y sus rastas... Increíble.
Estaba claro de que alguien había robado su foto, algún conocido o un idiota que se dedica a pasearse por tuentis y fotolog. También podría ser que, por casualidad, nos hubiésemos encontrado en el chat. El chico nunca me había parecido tan profundo como Gamma pero ya se sabe que las apariencias engañan...
Me puse muy nerviosa. No sabía que hacer y, entonces, le miré.
¡Él me estaba mirando a mí! ¡Y se estaba riendo! Estaba claro que sabía que había hablado conmigo en todo momento. Y le he contado muchas cosas. Me sentí muy violenta y también muy enfadada. No me gusta que jueguen conmigo.
Así que, cómo estábamos a punto de cerrar, apagué el ordenador y me levanté. Uno de los chicos habituales me detuvo para decirme que le pasaba no se qué de un troyano.
- Díselo a David, que sabe de todo mucho. - dije en voz alta. El aludido me dijo algo, supongo que para detenerme. Pero a mí me había dado tiempo a coger mi bolso y largarme de allí. Él se encargaría de recoger todo.
Sé que mi actuación ha sido bastante infantil. No puedo decir nada a mi favor, sólo que me pudo la rabia y la vergüenza. Lo peor es que mañana me toca verle y, seguramente, escuchar un montón de tonterías. De momento, Fran me ha escrito un sms, diciéndome que su compañero le ha llamado, que está muy preocupado.
A veces, pienso que lo que no me pasa a mí no le pasa a nadie.
lunes, 21 de julio de 2008
CHATEANDO
Queridos cómplices:
Nunca había pensado que trabajar en un ciber pudiese ser tan aburrido. Tanto, que ni siquiera he tenido nada que escribir.
La culpabilidad ha ido desapareciendo y la monotonía provocada por atender a niños de entre diez y catorce años me han hecho plantearme que estoy perdiendo el tiempo.
Trabajo de cinco a dos de la mañana, a excepción de fines de semana que estamos abiertos hasta las tres y media.
Afortunadamente, a partir de las once de la noche los niños se marchan a sus casas y algún que otro mayor de edad se asoma por allí. Sin embargo, está suponiendo un grave problema para mi autoestima.
He probado con distintos escotes, minifalda, miraditas... ¿de qué están hechos esos chicos, de piedra? ¿O sólo se fijan en tí si sales en una página porno o te disfrazas de la princesa Leia? Al menos, David, el otro encargado, rebosa simpatía y, de vez en cuando, se acerca a darme algo de conversación.
David es muy mono, con pintas bastante hippies que no pegan en el lugar y también algo rarillo. Se divierte allí jugando en red y comiendo patatas fritas y chocolatinas que también vendemos. Lo suyo no es un trabajo, es un pasatiempo. Supongo que igual que para Fran (ya me puede agradecer el favor) que es tan "otaku" y tan amante del rol que sólo es uno más de esa fauna cibernética.
Este viernes, por eso de no perder la cabeza, después de haber leído seis libros en una semana, decidí entrar en un chat. Hacía años que no lo hacía pero, al final, me animé.
Dos horas y un kit kat después, había conocido a tres supuestos chicos de lo más interesantes. Uno más que el resto, puesto que sólo es un año más pequeño que yo y vivimos en la misma ciudad. Se hace llamar Gamma.
Llevamos dos días chateando, incluso nos hemos dado el correo. Él dice acabar de salir de una relación y habla de su necesidad de probar cosas nuevas. Yo, le he contado mi historia (de hecho, creo que ha leído este blog). Coincidimos en gustos, aficciones y fantasías. Es la típica persona con la que hablas un par de veces y parece que conoces de media vida.
Sé que es una tontería y que, seguramente, se trata de un cuarentón salido con poco trabajo en la oficina pero es entretenido y me gusta saber que cuando me conecto está ahí, esperando.
Ya me ha pedido en un par de ocasiones una foto... no voy a dársela... Creo que será mejor que me la pase él primero y si me interesa ya se verá...(soy bastante miedosa con eso de Internet y dar mi imagen a desconocidos) ¿Quién sabe? Quizás conozca su cara esta tarde...
Nunca había pensado que trabajar en un ciber pudiese ser tan aburrido. Tanto, que ni siquiera he tenido nada que escribir.
La culpabilidad ha ido desapareciendo y la monotonía provocada por atender a niños de entre diez y catorce años me han hecho plantearme que estoy perdiendo el tiempo.
Trabajo de cinco a dos de la mañana, a excepción de fines de semana que estamos abiertos hasta las tres y media.
Afortunadamente, a partir de las once de la noche los niños se marchan a sus casas y algún que otro mayor de edad se asoma por allí. Sin embargo, está suponiendo un grave problema para mi autoestima.
He probado con distintos escotes, minifalda, miraditas... ¿de qué están hechos esos chicos, de piedra? ¿O sólo se fijan en tí si sales en una página porno o te disfrazas de la princesa Leia? Al menos, David, el otro encargado, rebosa simpatía y, de vez en cuando, se acerca a darme algo de conversación.
David es muy mono, con pintas bastante hippies que no pegan en el lugar y también algo rarillo. Se divierte allí jugando en red y comiendo patatas fritas y chocolatinas que también vendemos. Lo suyo no es un trabajo, es un pasatiempo. Supongo que igual que para Fran (ya me puede agradecer el favor) que es tan "otaku" y tan amante del rol que sólo es uno más de esa fauna cibernética.
Este viernes, por eso de no perder la cabeza, después de haber leído seis libros en una semana, decidí entrar en un chat. Hacía años que no lo hacía pero, al final, me animé.
Dos horas y un kit kat después, había conocido a tres supuestos chicos de lo más interesantes. Uno más que el resto, puesto que sólo es un año más pequeño que yo y vivimos en la misma ciudad. Se hace llamar Gamma.
Llevamos dos días chateando, incluso nos hemos dado el correo. Él dice acabar de salir de una relación y habla de su necesidad de probar cosas nuevas. Yo, le he contado mi historia (de hecho, creo que ha leído este blog). Coincidimos en gustos, aficciones y fantasías. Es la típica persona con la que hablas un par de veces y parece que conoces de media vida.
Sé que es una tontería y que, seguramente, se trata de un cuarentón salido con poco trabajo en la oficina pero es entretenido y me gusta saber que cuando me conecto está ahí, esperando.
Ya me ha pedido en un par de ocasiones una foto... no voy a dársela... Creo que será mejor que me la pase él primero y si me interesa ya se verá...(soy bastante miedosa con eso de Internet y dar mi imagen a desconocidos) ¿Quién sabe? Quizás conozca su cara esta tarde...
lunes, 7 de julio de 2008
REMORDIMIENTOS
Queridos cómplices:
Me prometí que esto no pasaría pero ha ocurrido. He visto a Ángel y me ha podido la conciencia.
Por supuesto, no le he dicho nada a él ni pienso contárselo. Sin embargo, verlo tan frágil y tan delicado, preocupado por si me pasaba algo...
Preferiría que me hubiese pegado a que me abrazase contra sí y me preguntase que si todo estaba bien, que si le quería, que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por mi, que si necesitaba espacio me lo daría...
Sólo le aseguré que le quiero. No es mentira. Me siento un monstruo y, en cierto modo, no puedo dejar de pensar que lo soy. No es sólo que sea un poco zorra sino que el daño que puedo llegar a hacerle es inmenso.
Suena irónico pero quizás esté haciendo esto porque le amo. Necesito vivir pero no quiero perderle. Son dos cosas incompatibles. O tal vez no. Creo que estoy demostrando que, al menos en un comienzo, una doble vida no es tan difícil.
Sé que estoy segura de que lo que pasó el otro día no saldrá de aquel probador. Por mucho que Alberto (también conocido como el apuesto dependiente) intentase disimularlo, era evidente que, igual que yo, tenía algo que esconder. Por eso, estoy bastante tranquila.
La verdad es que no me siento culpable por lo que he hecho. Sólo quiero creer que, anímica y moralmente, puedo seguir con esta dualidad de mi persona. No puedo venirme abajo. Esto sólo ha sido una pequeña aventura de una noche pero no puedo dejar de pensar en lo bien que me sentí al día siguiente. Llena de energía, atractiva, en plena ebullición. Necesito una temporada seguir así... No sé si es bueno o malo... No lo sé...
En cuanto a mis planes de verano, se han solucionado. Finalmente, me pongo a trabajar allí este viernes. Fran, el hermano de Anabel, trabaja allí y necesita vacaciones. Lo sustituyo y de propina consigo 350 euros, que no me vienen nada mal.
Me prometí que esto no pasaría pero ha ocurrido. He visto a Ángel y me ha podido la conciencia.
Por supuesto, no le he dicho nada a él ni pienso contárselo. Sin embargo, verlo tan frágil y tan delicado, preocupado por si me pasaba algo...
Preferiría que me hubiese pegado a que me abrazase contra sí y me preguntase que si todo estaba bien, que si le quería, que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por mi, que si necesitaba espacio me lo daría...
Sólo le aseguré que le quiero. No es mentira. Me siento un monstruo y, en cierto modo, no puedo dejar de pensar que lo soy. No es sólo que sea un poco zorra sino que el daño que puedo llegar a hacerle es inmenso.
Suena irónico pero quizás esté haciendo esto porque le amo. Necesito vivir pero no quiero perderle. Son dos cosas incompatibles. O tal vez no. Creo que estoy demostrando que, al menos en un comienzo, una doble vida no es tan difícil.
Sé que estoy segura de que lo que pasó el otro día no saldrá de aquel probador. Por mucho que Alberto (también conocido como el apuesto dependiente) intentase disimularlo, era evidente que, igual que yo, tenía algo que esconder. Por eso, estoy bastante tranquila.
La verdad es que no me siento culpable por lo que he hecho. Sólo quiero creer que, anímica y moralmente, puedo seguir con esta dualidad de mi persona. No puedo venirme abajo. Esto sólo ha sido una pequeña aventura de una noche pero no puedo dejar de pensar en lo bien que me sentí al día siguiente. Llena de energía, atractiva, en plena ebullición. Necesito una temporada seguir así... No sé si es bueno o malo... No lo sé...
En cuanto a mis planes de verano, se han solucionado. Finalmente, me pongo a trabajar allí este viernes. Fran, el hermano de Anabel, trabaja allí y necesita vacaciones. Lo sustituyo y de propina consigo 350 euros, que no me vienen nada mal.
jueves, 3 de julio de 2008
PRIMERA CITA (parte II)
Por supuesto, fuimos a su tienda.
Después de insistirle en que lo hiciésemos en el mostrador, me dejé convencer de que el probador era la opción más coherente.
- Estás loca- gimió él- ¿Quieres que me echen del trabajo?
Pero no paró ni su lengua ni sus manos. Cuando quise darme cuenta, ya me estaba corriendo, sujetándome a las cortinas del cambiador. Si tengo que ser sincera, mi dependiente no es nada espectacular en el extraño deporte del sexo pero la situación se encargó de todo lo demás.
No quedamos en volver a vernos; me parece mejor. Pero, antes de irme, me retuvo:
- Tengo una pregunta, ¿por qué no traías nada de lo que te compraste aquí?
Me reí en su cara. Siempre me ha gustado desconcertar.
- Si no, no te hubiera sorprendido.
- Estás muy loca. Y eso me pone mucho. - me quedé callada. No estoy dispuesta a segundas citas, al menos por ahora. - Ya sabes dónde estoy.
- Quizás cuando necesite lencería nueva.
Me fui de allí, no sin antes sonreirle y robar discretamente un tanga rojo. Un nuevo detalle se ha incorporado a mi segunda vida: voy a coleccionar un recuerdo de cada uno de mis amantes.
Después de insistirle en que lo hiciésemos en el mostrador, me dejé convencer de que el probador era la opción más coherente.
- Estás loca- gimió él- ¿Quieres que me echen del trabajo?
Pero no paró ni su lengua ni sus manos. Cuando quise darme cuenta, ya me estaba corriendo, sujetándome a las cortinas del cambiador. Si tengo que ser sincera, mi dependiente no es nada espectacular en el extraño deporte del sexo pero la situación se encargó de todo lo demás.
No quedamos en volver a vernos; me parece mejor. Pero, antes de irme, me retuvo:
- Tengo una pregunta, ¿por qué no traías nada de lo que te compraste aquí?
Me reí en su cara. Siempre me ha gustado desconcertar.
- Si no, no te hubiera sorprendido.
- Estás muy loca. Y eso me pone mucho. - me quedé callada. No estoy dispuesta a segundas citas, al menos por ahora. - Ya sabes dónde estoy.
- Quizás cuando necesite lencería nueva.
Me fui de allí, no sin antes sonreirle y robar discretamente un tanga rojo. Un nuevo detalle se ha incorporado a mi segunda vida: voy a coleccionar un recuerdo de cada uno de mis amantes.
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