Por supuesto, fuimos a su tienda.
Después de insistirle en que lo hiciésemos en el mostrador, me dejé convencer de que el probador era la opción más coherente.
- Estás loca- gimió él- ¿Quieres que me echen del trabajo?
Pero no paró ni su lengua ni sus manos. Cuando quise darme cuenta, ya me estaba corriendo, sujetándome a las cortinas del cambiador. Si tengo que ser sincera, mi dependiente no es nada espectacular en el extraño deporte del sexo pero la situación se encargó de todo lo demás.
No quedamos en volver a vernos; me parece mejor. Pero, antes de irme, me retuvo:
- Tengo una pregunta, ¿por qué no traías nada de lo que te compraste aquí?
Me reí en su cara. Siempre me ha gustado desconcertar.
- Si no, no te hubiera sorprendido.
- Estás muy loca. Y eso me pone mucho. - me quedé callada. No estoy dispuesta a segundas citas, al menos por ahora. - Ya sabes dónde estoy.
- Quizás cuando necesite lencería nueva.
Me fui de allí, no sin antes sonreirle y robar discretamente un tanga rojo. Un nuevo detalle se ha incorporado a mi segunda vida: voy a coleccionar un recuerdo de cada uno de mis amantes.
jueves, 3 de julio de 2008
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5 comentarios:
Pues haces bien querida, eso de robar un recuerdo está bien porque quien sabe, quizá en unos meses no sepas ya quien es quien, así tienes una muesca en la pistola :)
besicos
Ahora también te pone la cleptomanía?
Sigue acaparando perversiones ;)
Besos!
Mientras no sea un mechón de vello úbico arrancado de cuajo...bien por ti que salió todo como esperabas y el lamento de que el voluntario no fuese un maestro en la sensualidad, aunque dada la contrincante que tenía, fácil lo tuvo.
Besos en el tanga.
¿Roja?, ¿como los besos?. Prefiero negra, como la noche.
Besotes.
Un pecado más para la lista..
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