martes, 24 de junio de 2008

Una gran decisión

Queridos cómplices:

Hoy me levanté con una certeza. Yo, Mia, una universitaria de casi 21 años iba a dar un giro a su vida.
Estoy cansada de días parecidos que caen en el olvido, que no llegan a ningún sitio. Me agobia la misma compañía entre mis sábanas y la horrible seguridad de que mañana será igual.
Necesito vivir, comerme el mundo y las bocas y eso haré.
Inquietada por mi repentina decisión, salí en camisón de mi pequeño apartamento de dos habitaciones en el que sólo vivo yo y me avalancé sobre el timbre de mis vecinas del A. Me abrió Estrella, medio dormida.
Diez minutos y un café más tarde, mi amiga sabía todo sobre la nueva Mia. Acostumbrada a mis excentricidades, se limitó a encender su primer cigarrillo de la mañana y a preguntar:
- ¿Y qué vas a hacer con Ángel?
Ángel es mi novio actual y su nombre lo dice todo de él. Es demasiado cielo. Y eso está bien en un principio pero que te traten como una reina durante casi dos años acaba por hacerte desear escapar de tu castillo.
- No tiene porqué enterarse
- ¿Me estás diciendo que piensas mantener una doble vida?- sacudió sus largos rizos caoba.
- Algo así. Además, si no lo hago, creo que lo nuestro no puede seguir. Necesito algo nuevo. A él lo quiero...
- Estás loca y eres una zorra - me interrumpió
- Y tú también. Y lo sabes- reímos las dos.
- ¿Vas a decírselo a Anabel?
Sabía que tenía que hacerlo y a lo que me arriesgaba.
Estrella es enérgica, impulsiva y muy emotiva. Piensa las cosas cuando ya las ha hecho lo que la convierte en una especie de chica fugaz que no puede evitar que muchos la deseen y piensen demasiado en ella, buscando algo que nunca conseguirán. Estrella no está hecha para parejas.
Sin embargo, Anabel es su opuesto. Al menos, aparentemente. Dulce hasta llegar a lo cursi, romántica, sensible... y tremendamente caprichosa. Cree estar en la posesión de la justicia y no deja de dar consejos cargados de su moral intachable. Moral que, por cierto, ella se encarga de adaptar a sus errores, llegando a ser algo hipócrita. Sin embargo, de eso nunca puede hablarse.
- Me va a dar el coñazo. Cuéntaselo tú- le rogué.
Supe que, en cuanto mi otra vecina lo supiese, no tardaría en venir a gritarme. No me equivoqué. Cuando ataba la correa de mi único compañero de piso, un chucho castrado llamado Jacinto , para darle su paseo nocturno. Anabel, recién enterada de la noticia, golpeaba mi puerta,voceando mi nombre.


8 comentarios:

francisco m. ortega dijo...

Bienvenida al mundo de los 'blogs'.

Manu Espada dijo...

Muy buena historia, y eso, bienvenida, me pasaré por aquí a menudo, me ha gustado mucho. Besos.

Fénix dijo...

Querida Mia, la monotonía es una prisión que cada vez te asfixia mas...

Carpe Diem

Bienvenida...

Lunarroja dijo...

Adelante con tus intenciones.
Siempre adelante. Y con esa sinceridad que se agradece.

Belén dijo...

Me gustó tu historia si señor... me iré pasando pro aquí para ver como continúa...

Yo tuve a amigos como la vecina buena, de intachable moral, en el pasado, la has retratado tan bien que creo que la conoces jajajaja!

Besicos

Mauro dijo...

Que bien contada la historia, muy fresca, alegre. Te felicito.

Como siempre los supimos, lo mejor para matar una relación es ser un ángel. Ellas los prefieren demonios.

Saludos.

Vintage dijo...

Te recomiendo que dejes de lado a la vecina moralista, dale puerta.
te amargará la existencia.
A Angem dale alas y tu abre la puerta y con jacinto vete a comer bocas

muakkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk

JUANAN URKIJO dijo...

Quise saber de tus principios y por eso me he deslizado subrepticiamente hasta aquí. No está mal este diario de Mia; le acerca a ese uno que yo soy a otras realidades que, para bien o mal, desconoce.
O sea, te seguiré la pista.

Besos, dos.