Queridos cómplices:
Lo habíamos dejado en aquel día de septiembre, cuando nerviosa, acababa de recibir la llamada de Pablo que me pedía que le dejase dormir en mi casa pues no tenía las llaves.
Éste llegó en menos de cinco minutos. Cuando sonó el timbre de abajo empecé a ponerme nerviosa. Mi hermano estaría acostado y yo allí, a las tantas de la mañana, esperando en camisón y desmaquillada a uno de los mejores amigos de mi novio del cual no sabía si huir o lanzarme a sus brazos.
La verdad es que, al principio, todo marchaba demasiado tranquilo y estaba relajada. Le preparé el sofá con una manta (mis amigos suelen dormir conmigo en la cama pero me había puesto mis propios límites). Comimos cereales y hablamos de esas cosas que nunca deben hablarse si va a suceder algo después: novios, exnovios, primeras relaciones, debilidades, errores cometidos. Yo le contaba, no sé muy bien el qué y me dí cuenta, no paraba de mirarme los labios.
- ¿Qué miras, chiquillo?
- Porque eres la novia de mi amigo, mi niña, que si no te decía yo lo que te hacía esta noche.- no era la primera vez que decía esa frase y no sabía muy bien que responder.
- Esta mañana, más bien.
Ya estaba amaneciendo aunque teníamos la persiana entreabierta y la luz se colaba entre las rendijas.
La penumbra siempre me ha perdido. Su mirada, la mía. Su boca, mi boca.
Sobraron las palabras y empezamos a besarnos como críos de quince años, con ímpetú. Se abalanzó sobre mí y me cayó del sofá. Nos reímos y se bajó al suelo conmigo, colocándose sobre mi cuerpo.
Cada vez estaba más excitada pero tenía mis límites y debía cumplirlos. Nada de sexo. Es Pablo, el amigo de mi chico, ese que se fue a Santander a vivir y que viaja a Benidorm con él. No podría emocionalmente con eso. Sería demasiado. Así se lo hice saber.
- Tampoco quiero que pase nada más pero no voy a dejar de besarte.
Se estaba haciendo daño en los codos así que cambié de posición y me puse a horcajadas sobre él. Nuestros cuerpos se amoldaban sin quererlo. Parecía que cada rincón estaba preparado para la anatomía del otro. Mis muslos encajaban a la perfección con los huesos de sus caderas, la altura era perfecta... mi pecho a la altura de su aliento. Nunca me había compenetrado tan bien con alguien.
Sus mano derecha se deslizaba por debajo del camisón y la izquierda jugueteaba con los tirantes (había tenido la precaución de dejarme puesto el sujetador).
- Que bien hueles, cabrona - gimió.
Casi sin darse cuenta, empezó a agarrarme de las nalgas y a rozarme contra él. A través de la fina tela de mi ropa interior, notaba su erección. Yo estaba empapada, embriagada del morbo de aquella situación.
- Lo siento pero tengo que hacerlo - me quitó el camisón pero yo dejé su ropa intacta. Aquella desigualdad me gustaba demasiado.
Estuvimos así un buen rato hasta que la excitación podía con nosotros y era imposible de controlar.
Cuando mi cabeza y mis instintos mantenían un debate sobre lo que yo debía de hacer, vi que se encencía la luz del pasillo.
- Mi hermano - conseguí articular sin jadear.
Nos quedamos quietos, tumbados en el suelo, tocándonos mientras Fer, medio dormido, iba al cuarto de baño y volvía a la habitación.
martes, 14 de octubre de 2008
viernes, 3 de octubre de 2008
La vuelta al cole (primer asalto)
Queridos cómplices:
Las vacaciones terminaron tal y como podéis imaginar. Estrella y yo destrozadas (ella también estaba borracha, muy fumada y muy débil) y un David, caballero andante, corriendo a Galicia.
El cabrón del informático se atrevió a enviarnos un ramo de flores y dos pulseras de 1 de 50 a casa de mi amiga con una tarjeta que no leímos. Quizás debimos haberlo hecho, sigue sin abrir en el cajón de la mesilla del dormitorio; no era el momento. Una disculpa nos hubiese dejado un sabor agridulce y otra invitación nos llevaría a buscarle y asesinarle así que intentamos hacerlo de la mejor forma posible: guardando las pulseras y regalándole las flores a la anfitriona.
La madre de Estrella se emocionó con la posibilidad de que el recién aparecido David fuese el novio secreto de su hija y se ofreció a hospedarlo en la habitación del hermano (no vaya a ser que les diese por algún encuentro amoroso a altas horas de la noche).
Yo volví a mi casa a disfrutar de los cuidados maternos y Estrella a la Meseta, a hacer los exámenes.
El curso empezó y todos estamos de vuelta.
El pasado fin de semana salimos todos juntos: Fran, Anabel, Estrella, Ángel y algún chico más del que no he hablado aunque, sospecho, acabaré haciendo.
Ángel estaba radiante y nos había avisado de que nos traía una sorpresa. La verdad, es que mientras las chicas nos arreglábamos y mi hermano huía al reencuentro con sus amigos (la fiesta iba a ser en mi casa y Fer ya no está de Erasmus), lo único que pensaba era que iba a traernos un par de botellas o algo así. A lo sumo, nos invitaba a cenar.
Ya estábamos todos en mi casa cuando llegó. Y no venía solo.
- ¡Aquí tenéis mi sorpresa! - no supe que hacer, si alegrarme o escaparme al otro extremo del planeta.
- ¡Pablo! - la verdad es que no era la primera vez que lo traía.
Pablo es un amigo de Ángel, de esos que se tienen de pequeño, se trasladan a otra ciudad y, milagrosamente, no se pierde el contacto. Sin embargo, Pablo venía para quedarse: traslado de expediente, fantástico.
Y digo fantástico porque era una verdadera putada. Pablo y yo nunca hemos conectado demasiado bien. Nos caemos genial y solemos confiar el uno en el otro pero hasta hacía medio año nunca había habido química entre nosotros. Lo que pasa es que la química se presentó de forma algo inadecuada. Desde el descubrimiento, lo había visto tres veces más y, aunque no pasase nada, estaba clarísimo: entre nosotros la tensión sexual era un eufemismo. Nos veíamos y todo giraba demasiado rápido. Era cuestión de tiempo y de quedarnos solos. Los dos lo sabíamos y no nos hacía gracia. Es Pablo, el amigo de Ángel que se fue a vivir a Santander cuando tenían diez años, el que pasa una semana en Benidorm con la familia de mi pareja. Y, en cuanto me descuidaba, acababa a un centímetro de su boca.
Esa noche de viernes fue de lo más normal. Incluso me tranquilicé pensando que no pasaría nada o que tendría la cabeza suficiente para evitarlo. La verdad es que siempre he pecado de ingenua. Y al día siguiente, volvimos a salir todos juntos.
Ángel se fue pronto a casa porque estaba cansado y empezaba a tener gripe. Ya a las seís menos algo de la mañana, quise volver yo. Anabel y Estrella tardarían así que iba a pedir un taxi cuando Pablo se ofreció a acompañarme. Me explicó que sólo vivía a un par de calles de distancia y que, además, todavía no se orientaba muy bien. Le creí o no, no lo sé pero tampoco mi economía anda como para abusar de taxis. Fuimos, me dejó en casa con dos castos besos cargados de tensión y me dijo al oído:
- Porque eres la novia de mi amigo, mi niña, que si no te decía yo lo que te hacía esta noche.
Me reí y subí por el ascensor. Cinco minutos más tarde, cuando ya me había lavado los dientes y me estaba metiendo en la cama, sonó mi móvil.
- Miita...que soy Pablo. Oye, que me he olvidado las llaves y mi compañero no vuelve hasta mañana, ¿puedo dormir allí.
¿Qué se suponía que debía yo hacer?
- Vale, tengo un sofá precioso - quería ser borde, dejarle claros los límites pero no soné muy convincente. Estaba claro, me traía cómo quería.
Las vacaciones terminaron tal y como podéis imaginar. Estrella y yo destrozadas (ella también estaba borracha, muy fumada y muy débil) y un David, caballero andante, corriendo a Galicia.
El cabrón del informático se atrevió a enviarnos un ramo de flores y dos pulseras de 1 de 50 a casa de mi amiga con una tarjeta que no leímos. Quizás debimos haberlo hecho, sigue sin abrir en el cajón de la mesilla del dormitorio; no era el momento. Una disculpa nos hubiese dejado un sabor agridulce y otra invitación nos llevaría a buscarle y asesinarle así que intentamos hacerlo de la mejor forma posible: guardando las pulseras y regalándole las flores a la anfitriona.
La madre de Estrella se emocionó con la posibilidad de que el recién aparecido David fuese el novio secreto de su hija y se ofreció a hospedarlo en la habitación del hermano (no vaya a ser que les diese por algún encuentro amoroso a altas horas de la noche).
Yo volví a mi casa a disfrutar de los cuidados maternos y Estrella a la Meseta, a hacer los exámenes.
El curso empezó y todos estamos de vuelta.
El pasado fin de semana salimos todos juntos: Fran, Anabel, Estrella, Ángel y algún chico más del que no he hablado aunque, sospecho, acabaré haciendo.
Ángel estaba radiante y nos había avisado de que nos traía una sorpresa. La verdad, es que mientras las chicas nos arreglábamos y mi hermano huía al reencuentro con sus amigos (la fiesta iba a ser en mi casa y Fer ya no está de Erasmus), lo único que pensaba era que iba a traernos un par de botellas o algo así. A lo sumo, nos invitaba a cenar.
Ya estábamos todos en mi casa cuando llegó. Y no venía solo.
- ¡Aquí tenéis mi sorpresa! - no supe que hacer, si alegrarme o escaparme al otro extremo del planeta.
- ¡Pablo! - la verdad es que no era la primera vez que lo traía.
Pablo es un amigo de Ángel, de esos que se tienen de pequeño, se trasladan a otra ciudad y, milagrosamente, no se pierde el contacto. Sin embargo, Pablo venía para quedarse: traslado de expediente, fantástico.
Y digo fantástico porque era una verdadera putada. Pablo y yo nunca hemos conectado demasiado bien. Nos caemos genial y solemos confiar el uno en el otro pero hasta hacía medio año nunca había habido química entre nosotros. Lo que pasa es que la química se presentó de forma algo inadecuada. Desde el descubrimiento, lo había visto tres veces más y, aunque no pasase nada, estaba clarísimo: entre nosotros la tensión sexual era un eufemismo. Nos veíamos y todo giraba demasiado rápido. Era cuestión de tiempo y de quedarnos solos. Los dos lo sabíamos y no nos hacía gracia. Es Pablo, el amigo de Ángel que se fue a vivir a Santander cuando tenían diez años, el que pasa una semana en Benidorm con la familia de mi pareja. Y, en cuanto me descuidaba, acababa a un centímetro de su boca.
Esa noche de viernes fue de lo más normal. Incluso me tranquilicé pensando que no pasaría nada o que tendría la cabeza suficiente para evitarlo. La verdad es que siempre he pecado de ingenua. Y al día siguiente, volvimos a salir todos juntos.
Ángel se fue pronto a casa porque estaba cansado y empezaba a tener gripe. Ya a las seís menos algo de la mañana, quise volver yo. Anabel y Estrella tardarían así que iba a pedir un taxi cuando Pablo se ofreció a acompañarme. Me explicó que sólo vivía a un par de calles de distancia y que, además, todavía no se orientaba muy bien. Le creí o no, no lo sé pero tampoco mi economía anda como para abusar de taxis. Fuimos, me dejó en casa con dos castos besos cargados de tensión y me dijo al oído:
- Porque eres la novia de mi amigo, mi niña, que si no te decía yo lo que te hacía esta noche.
Me reí y subí por el ascensor. Cinco minutos más tarde, cuando ya me había lavado los dientes y me estaba metiendo en la cama, sonó mi móvil.
- Miita...que soy Pablo. Oye, que me he olvidado las llaves y mi compañero no vuelve hasta mañana, ¿puedo dormir allí.
¿Qué se suponía que debía yo hacer?
- Vale, tengo un sofá precioso - quería ser borde, dejarle claros los límites pero no soné muy convincente. Estaba claro, me traía cómo quería.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Vacaciones (parte 2)
Queridos cómplices:
A partir del momento en que yo accedí al trío con Estrella y el informático, las cosas parecían haber vuelto a la normalidad. Ni habíamos vuelto a hablar del asunto.
Sin embargo, ya el viernes siguiente empecé a sospechar que aquello estaba a punto de pasar. El chico nos invitó a cenar a un lugar muy íntimo, con velitas en las mesas y música relajada.
Nuestra mesa estaba un poquito apartada del resto pero eso no impidió darme cuenta: todo eran parejas. Y claro, ahí estaba yo, leyendo la carta con nerviosismo.
Pronto sentí una mano cálida en mi rodilla. Intenté mantenerme inexpresiva como si no estuviese notando nada. Discretamente, eché una mirada por encima del librillo. Estrella tenía ese gesto suyo juguetón que pone cuando está haciendo manitas con alguien. Nos estaba metiendo mano a las dos a la vez.
Cuando llegamos al postre, yo había perdido la cuenta de las copas de vino y champagne que llevaba. No me gusta el vino y no suelo beber mucho pero supe que aquella situación lo exigiría. Con la última cucharada de tarta, la mano izquierda del chico de las computadoras navegaba por entre mis muslos.
Yo estaba algo mareada así que cuando nos subimos en su coche, bajé la ventanilla y empezó a invadirme un sopor profundo.
Cuando quise darme cuenta, estaba en la habitación 111 de un hotel (no me acuerdo mucho de esa noche pero fue un número que me llamó la atención). Entré en el baño y me lavé la cara. Un poco más despejada salí del aseo y casi volví a encerrarme corriendo. Estrella esperaba en braguitas encima de la cama mi aparición.
No sé de dónde había salido otra botella de champán pero dí buena cuenta de ella rápidamente. Me uní a la pareja, temerosa. Sé que lo desnudamos entre las dos y yo fui la siguiente en quedar sin ropa. No recuerdo mucho del resto, sólo escenas. Al principio, todo era un juego. Le estuvimos calentando, de eso si me acuerdo. Y él no podía más.
No sé en que momento penetró a mi amiga. La veía galopar sobre él y yo le besaba. El informático me acariciaba lascivamente y me lamía todo mi torso. Le excitaba pellizcarnos los pechos a ambas a la vez. Mientras se corría, me introdujo un dedo de forma brusca en la vagina.
Nada de aquello era agradable para mí. No me sentía cómoda; era sólo un juguete sexual en manos de un obseso con una segura falta de autoestima. Tendría que haber salido de allí corriendo; ni siquiera sé porque no lo hice. Supongo que la situación me pudo. Ya no era ni por Estrella; no se hubiese enfadado conmigo si me hubiera largado. Lo habría entendido a la perfección.
Afortunadamente, el alcohol consiguió dos cosas: desinhibirme y dejarme lagunas que, seguramente, me han ahorrado recuerdos aún peores que los que tengo.
Mientras él descansaba un poco, me dormí. Me desperté de forma muy brusca. El informático, fuera de sí, intentaba practicarme sexo oral de forma salvaje mientras mi amiga le hacía una felación. Me dejé hacer, intentando que nuestras miradas no se cruzasen. En algún momento, me penetró con su puño.
Estrella me ha contado que su amante folló conmigo dos veces: una encima de mí, otra como un perrito. Debía estar bastante inconsciente, no tengo nada en mi memoria. O quién sabe, lo mismo es un mecanismo de autodefensa.
Cuando me desperté eran las tres de la tarde. Me dolía la cabeza, tenía una sed horrible y la boca pastosa. Estrella y yo compartíamos cama, ambas desnudas. El informático había salido.
Volví a vomitar (debía ser la tercera vez que lo hacía); creo que más por naúseas y asco que por la resaca.
Fui al baño, me miré al espejo. Tenía marcas de mordiscos por la mitad de mi cuerpo y una cara de zombi de serie B. Me vestí corriendo. No quería mirar al informático a la cara así que me fui de allí, dejándole una nota a mi amiga en la almohada.
La verdad es que no tenían culpa de nada. Yo había aceptado y nadie me había obligado. Pero nunca me había sentido tan sucia, tan vacía... ¿Cómo podía haberme dejado llevar a este punto? ¿Valgo tan poco? Tengo que reconocerlo, no soy una santa. Y sí, soy un poco zorra aunque tenga mis excusas. Pero no soy un simple objeto ni una muñeca hinchable. Tenía el alma y mi amor propio hecho pedacitos así que me fui a la playa con la misma ropa con la que había salido la noche anterior.
Me abracé a mí misma e intenté respirar. Estaba al borde de un ataque de ansiedad. Sólo quería desahorgarme y llorar, que alguien que me conociese de verdad me dijese que no era tan mala, que no era una basura, que me merecía algo. Saqué el móvil y marqué un número. David me contestó al otro lado.
Nuestra mesa estaba un poquito apartada del resto pero eso no impidió darme cuenta: todo eran parejas. Y claro, ahí estaba yo, leyendo la carta con nerviosismo.
Pronto sentí una mano cálida en mi rodilla. Intenté mantenerme inexpresiva como si no estuviese notando nada. Discretamente, eché una mirada por encima del librillo. Estrella tenía ese gesto suyo juguetón que pone cuando está haciendo manitas con alguien. Nos estaba metiendo mano a las dos a la vez.
Cuando llegamos al postre, yo había perdido la cuenta de las copas de vino y champagne que llevaba. No me gusta el vino y no suelo beber mucho pero supe que aquella situación lo exigiría. Con la última cucharada de tarta, la mano izquierda del chico de las computadoras navegaba por entre mis muslos.
Yo estaba algo mareada así que cuando nos subimos en su coche, bajé la ventanilla y empezó a invadirme un sopor profundo.
Cuando quise darme cuenta, estaba en la habitación 111 de un hotel (no me acuerdo mucho de esa noche pero fue un número que me llamó la atención). Entré en el baño y me lavé la cara. Un poco más despejada salí del aseo y casi volví a encerrarme corriendo. Estrella esperaba en braguitas encima de la cama mi aparición.
No sé de dónde había salido otra botella de champán pero dí buena cuenta de ella rápidamente. Me uní a la pareja, temerosa. Sé que lo desnudamos entre las dos y yo fui la siguiente en quedar sin ropa. No recuerdo mucho del resto, sólo escenas. Al principio, todo era un juego. Le estuvimos calentando, de eso si me acuerdo. Y él no podía más.
No sé en que momento penetró a mi amiga. La veía galopar sobre él y yo le besaba. El informático me acariciaba lascivamente y me lamía todo mi torso. Le excitaba pellizcarnos los pechos a ambas a la vez. Mientras se corría, me introdujo un dedo de forma brusca en la vagina.
Nada de aquello era agradable para mí. No me sentía cómoda; era sólo un juguete sexual en manos de un obseso con una segura falta de autoestima. Tendría que haber salido de allí corriendo; ni siquiera sé porque no lo hice. Supongo que la situación me pudo. Ya no era ni por Estrella; no se hubiese enfadado conmigo si me hubiera largado. Lo habría entendido a la perfección.
Afortunadamente, el alcohol consiguió dos cosas: desinhibirme y dejarme lagunas que, seguramente, me han ahorrado recuerdos aún peores que los que tengo.
Mientras él descansaba un poco, me dormí. Me desperté de forma muy brusca. El informático, fuera de sí, intentaba practicarme sexo oral de forma salvaje mientras mi amiga le hacía una felación. Me dejé hacer, intentando que nuestras miradas no se cruzasen. En algún momento, me penetró con su puño.
Estrella me ha contado que su amante folló conmigo dos veces: una encima de mí, otra como un perrito. Debía estar bastante inconsciente, no tengo nada en mi memoria. O quién sabe, lo mismo es un mecanismo de autodefensa.
Cuando me desperté eran las tres de la tarde. Me dolía la cabeza, tenía una sed horrible y la boca pastosa. Estrella y yo compartíamos cama, ambas desnudas. El informático había salido.
Volví a vomitar (debía ser la tercera vez que lo hacía); creo que más por naúseas y asco que por la resaca.
Fui al baño, me miré al espejo. Tenía marcas de mordiscos por la mitad de mi cuerpo y una cara de zombi de serie B. Me vestí corriendo. No quería mirar al informático a la cara así que me fui de allí, dejándole una nota a mi amiga en la almohada.
La verdad es que no tenían culpa de nada. Yo había aceptado y nadie me había obligado. Pero nunca me había sentido tan sucia, tan vacía... ¿Cómo podía haberme dejado llevar a este punto? ¿Valgo tan poco? Tengo que reconocerlo, no soy una santa. Y sí, soy un poco zorra aunque tenga mis excusas. Pero no soy un simple objeto ni una muñeca hinchable. Tenía el alma y mi amor propio hecho pedacitos así que me fui a la playa con la misma ropa con la que había salido la noche anterior.
Me abracé a mí misma e intenté respirar. Estaba al borde de un ataque de ansiedad. Sólo quería desahorgarme y llorar, que alguien que me conociese de verdad me dijese que no era tan mala, que no era una basura, que me merecía algo. Saqué el móvil y marqué un número. David me contestó al otro lado.
martes, 2 de septiembre de 2008
VACACIONES (parte 1)
Queridos cómplices:
Siento haberme ausentado durante todos estos días.
Estuve cerca de quince días en Galicia y, luego, mi madre me pidió que me pasase por casa, por eso de acordarse de que tiene una hija.
La verdad es que nunca he hablado de mi familia...Y ahora me estoy dando cuenta. Pero eso lo dejaré para otro día... Comencemos por mi experiencia en Galicia que ha sido algo más que interesante.
Estrella es una de mis mejores amigas. La conocí hace tres años cuando decidió presentarse a nosotros, sus vecinos, ya que mi hermano mayor iba a ser su próxima víctima. A esta niña siempre le han gustado los chicos mayores que ella lo que le ha causado más que un disgusto. Fer no era ninguna excepción y, después de una escabrosa historia rota por una estupidez compartida , quedaron como amigos. Amigos que no pueden verse sin caer uno en los brazos del otro.
Mi hermano vive conmigo. Lo que pasa que este año pasado se fue de Erasmus a Alemania y, por esa razón, Estrella ha estado más tranquilita que de costumbre, pisando mi casa sin el temor de acabar en un cuarto que no es el mío.
Pero ese ciego amor por Fer no le ha impedido que viva lo suyo. No es de piedra pero tampoco es tonta. Y siempre logra sorprenderme. Por eso, cuando me llamó al borde de la crisis, sabía que algo se le estaba yendo de las manos.
Así era. Estrella había conocido a un imponente treintañero. Es ingeniero informático y trabaja para IBM. Dejaré su nombre para el anonimato. El chico está soltero y sin compromiso y parecía haber descubierto en mi amiga una buena compañía estival.
Cuando llegué a la estación, Estrella no pudo esperar ni siquiera a que su padre y su hermano me ayudasen con la maleta. Me llevó de la mano corriendo al baño. Y allí me contó todo sobre el informático. No comprendía muy bien cuál era el problema hasta que me saltó de golpe:
- Quiere que hagamos un trío.
- ¿Qué? Pero vamos a ver, ¿tú quieres hacerlo?
- Creo que sí.
- Entonces, ¿qué problema hay?- empecé a dar vueltas a la razón por la que me había hecho irme corriendo al noroeste de España.
- No sé cómo explicarlo.
El hermano de Estrella, Manu , ya nos estaba dando toques al móvil y tuvimos que salir de allí.
En el coche me dediqué a hablar amablemente con la sección masculina de la familia de mi amiga y, de propina, tontear de forma sutil con Manu.
Cuando llegamos ya a casa, su madre nos esperaba con la cena hecha y miles de historias que contar. Ya era cerca de la una cuando fui a ordenar mis cosas a mi habitación y Estrella subió corriendo detrás de mí. Mientras me lavaba los dientes, ella no paraba de mirarme como si quisiese soltar algo y, de repente lo hizo:
- Quiero hacer el trío contigo.
Me atraganté y empecé a escupir espuma, inclinada sobre el lavabo. Cuando conseguí respirar, la miré. Estaba sonrojada y tenía una expresión de cautela. Yo no sabía como reaccionar.
¿Un trío con otra chica? Si fuese con dos chicos, no lo hubiese dudado ni un segundo. Es una fantasía enorme que me lleva acompañando desde mi adolescencia pero ¿con una chica? ¿Y, sobretodo, con Estrella?
- ¿Por qué yo?- la idea de que mi amiga fuese bisexual y que, de propina, le pusiese estaba apareciendo.
- Mira, Mía... Es algo que me da miedo y necesito una amiga a mi lado.
Me ahorré de recordarle que iba a tener a su amiga a su lado, pero sí, desnuda y follándose a su novio.
- Vamos a ver. Si no quieres, ya está. Si tienes miedo, no lo hagas. Es un rollo de verano, cariño. No tienes porqué esforzarte.
- Es algo que, no sé, se lo prometí y... es una experiencia más, ¿no?
- Me estás pidiendo un favor muy grande.
- Lo sé.
- Y me sienta muy mal esta encerrona. Tenías que habermelo dicho antes de venir.
- Lo siento. Era algo que prefería decírtelo a la cara. ¿Qué quieres, que te llame al móvil y te diga: Hola Mía, ¿qué tal el verano?¿quieres hacer un trío conmigo?
- No sé... Pero es que yo no sé como puedo sentirme en esa situación. Nunca he pensado en practicar sexo con una tía y ni siquiera sé cómo es tu informático.
- Frena - Estrella quería explicarse y no la estaba dejando - Lo primero, no te sientas obligada a nada. Conocerías a este chico y si te gusta y te acaba apeteciendo, lo haces. Si no, no me va a sentar mal; no te estoy pidiendo que me prestes un vestido. Lo segundo, él no quiere dos lesbianas dándose el lote frente a él, es uno de los pocos tíos que no le llama la atención, sino dos chicas para él solito.
Dudé un instante:
- Preséntamelo y luego ya veremos.
Dicho y hecho, esa misma noche ya me encontraba en el paseo marítimo con la curiosa pareja. Él contrasta mucho con mi amiga. Si ella es pálida y pelirroja; este tiene una piel morena y un pelo engominado y castaño precioso. No es mi estilo para nada pero no está para hacerle ningún asco. Además es amable, simpático, cortés y le encanta invitar (para algo tiene un sueldo estable).
Cuando nos fuimos a la cama, Estrella me dió un beso en la frente de buenas noches (sí, en el fondo es muy maternal).
- ¿Qué te ha parecido?
Esperé unos segundos en silencio y le respondí:
- Venga, va, ¡lo haré! - me resigne. Ella lanzó un grito de júbilo y se abalanzó sobre mí, abrazándome - Pero que esto no lo sepa nunca Anabel.
Siento haberme ausentado durante todos estos días.
Estuve cerca de quince días en Galicia y, luego, mi madre me pidió que me pasase por casa, por eso de acordarse de que tiene una hija.
La verdad es que nunca he hablado de mi familia...Y ahora me estoy dando cuenta. Pero eso lo dejaré para otro día... Comencemos por mi experiencia en Galicia que ha sido algo más que interesante.
Estrella es una de mis mejores amigas. La conocí hace tres años cuando decidió presentarse a nosotros, sus vecinos, ya que mi hermano mayor iba a ser su próxima víctima. A esta niña siempre le han gustado los chicos mayores que ella lo que le ha causado más que un disgusto. Fer no era ninguna excepción y, después de una escabrosa historia rota por una estupidez compartida , quedaron como amigos. Amigos que no pueden verse sin caer uno en los brazos del otro.
Mi hermano vive conmigo. Lo que pasa que este año pasado se fue de Erasmus a Alemania y, por esa razón, Estrella ha estado más tranquilita que de costumbre, pisando mi casa sin el temor de acabar en un cuarto que no es el mío.
Pero ese ciego amor por Fer no le ha impedido que viva lo suyo. No es de piedra pero tampoco es tonta. Y siempre logra sorprenderme. Por eso, cuando me llamó al borde de la crisis, sabía que algo se le estaba yendo de las manos.
Así era. Estrella había conocido a un imponente treintañero. Es ingeniero informático y trabaja para IBM. Dejaré su nombre para el anonimato. El chico está soltero y sin compromiso y parecía haber descubierto en mi amiga una buena compañía estival.
Cuando llegué a la estación, Estrella no pudo esperar ni siquiera a que su padre y su hermano me ayudasen con la maleta. Me llevó de la mano corriendo al baño. Y allí me contó todo sobre el informático. No comprendía muy bien cuál era el problema hasta que me saltó de golpe:
- Quiere que hagamos un trío.
- ¿Qué? Pero vamos a ver, ¿tú quieres hacerlo?
- Creo que sí.
- Entonces, ¿qué problema hay?- empecé a dar vueltas a la razón por la que me había hecho irme corriendo al noroeste de España.
- No sé cómo explicarlo.
El hermano de Estrella, Manu , ya nos estaba dando toques al móvil y tuvimos que salir de allí.
En el coche me dediqué a hablar amablemente con la sección masculina de la familia de mi amiga y, de propina, tontear de forma sutil con Manu.
Cuando llegamos ya a casa, su madre nos esperaba con la cena hecha y miles de historias que contar. Ya era cerca de la una cuando fui a ordenar mis cosas a mi habitación y Estrella subió corriendo detrás de mí. Mientras me lavaba los dientes, ella no paraba de mirarme como si quisiese soltar algo y, de repente lo hizo:
- Quiero hacer el trío contigo.
Me atraganté y empecé a escupir espuma, inclinada sobre el lavabo. Cuando conseguí respirar, la miré. Estaba sonrojada y tenía una expresión de cautela. Yo no sabía como reaccionar.
¿Un trío con otra chica? Si fuese con dos chicos, no lo hubiese dudado ni un segundo. Es una fantasía enorme que me lleva acompañando desde mi adolescencia pero ¿con una chica? ¿Y, sobretodo, con Estrella?
- ¿Por qué yo?- la idea de que mi amiga fuese bisexual y que, de propina, le pusiese estaba apareciendo.
- Mira, Mía... Es algo que me da miedo y necesito una amiga a mi lado.
Me ahorré de recordarle que iba a tener a su amiga a su lado, pero sí, desnuda y follándose a su novio.
- Vamos a ver. Si no quieres, ya está. Si tienes miedo, no lo hagas. Es un rollo de verano, cariño. No tienes porqué esforzarte.
- Es algo que, no sé, se lo prometí y... es una experiencia más, ¿no?
- Me estás pidiendo un favor muy grande.
- Lo sé.
- Y me sienta muy mal esta encerrona. Tenías que habermelo dicho antes de venir.
- Lo siento. Era algo que prefería decírtelo a la cara. ¿Qué quieres, que te llame al móvil y te diga: Hola Mía, ¿qué tal el verano?¿quieres hacer un trío conmigo?
- No sé... Pero es que yo no sé como puedo sentirme en esa situación. Nunca he pensado en practicar sexo con una tía y ni siquiera sé cómo es tu informático.
- Frena - Estrella quería explicarse y no la estaba dejando - Lo primero, no te sientas obligada a nada. Conocerías a este chico y si te gusta y te acaba apeteciendo, lo haces. Si no, no me va a sentar mal; no te estoy pidiendo que me prestes un vestido. Lo segundo, él no quiere dos lesbianas dándose el lote frente a él, es uno de los pocos tíos que no le llama la atención, sino dos chicas para él solito.
Dudé un instante:
- Preséntamelo y luego ya veremos.
Dicho y hecho, esa misma noche ya me encontraba en el paseo marítimo con la curiosa pareja. Él contrasta mucho con mi amiga. Si ella es pálida y pelirroja; este tiene una piel morena y un pelo engominado y castaño precioso. No es mi estilo para nada pero no está para hacerle ningún asco. Además es amable, simpático, cortés y le encanta invitar (para algo tiene un sueldo estable).
Cuando nos fuimos a la cama, Estrella me dió un beso en la frente de buenas noches (sí, en el fondo es muy maternal).
- ¿Qué te ha parecido?
Esperé unos segundos en silencio y le respondí:
- Venga, va, ¡lo haré! - me resigne. Ella lanzó un grito de júbilo y se abalanzó sobre mí, abrazándome - Pero que esto no lo sepa nunca Anabel.
miércoles, 13 de agosto de 2008
IMPREVISTO
Queridos cómplices:
Una llamada desesperada de Estrella de ayer por la noche me ha hecho decidir de repente que me voy a pasar unos días a su casa en Galicia.
Mi amiga está en plena crisis emocional y creo que debo ayudarla (y de propina consigo unas vacaciones).
Cuando vuelva (a más tardar la semana que viene) os informaré de todo lo que pase en la tierra de meigas.
Besos pecaminosos mientras tanto...
Una llamada desesperada de Estrella de ayer por la noche me ha hecho decidir de repente que me voy a pasar unos días a su casa en Galicia.
Mi amiga está en plena crisis emocional y creo que debo ayudarla (y de propina consigo unas vacaciones).
Cuando vuelva (a más tardar la semana que viene) os informaré de todo lo que pase en la tierra de meigas.
Besos pecaminosos mientras tanto...
domingo, 10 de agosto de 2008
ACCIDENTE
Queridos cómplices:
Esta semana era la última en el ciber ( y no he cobrado 350 euros sino bastante más, malentendido que me ha llevado una alegría). Después del cabreo que tenía y que David no paraba de solucionar, llegué con él a un acuerdo. No iba a negarle la palabra pero tampoco a hablar del tema. Conversaciones triviales. Punto.
Y así hasta ayer. Sin embargo, anoche sucedió algo.
Mi madre me dice que soy un imán para los accidentes. Si no salgo perjudicada, tarde o temprano,mi mala suerte afectará a las personas que me rodean. Y su teoría tiene una base empírica. No obstante, nunca ha ocurrido nada más grave que algún moratón o un brazo roto.
Hacía tiempo que mi gafe no me perjudicaba ni a mí ni a nadie. Pero, claro, tenía que pasar. Y ayer fue el momento preciso.
David y yo estábamos organizando los pedidos que habían llegado. Lo típico, las latas para la máquina, bolsas de patatas y similares para el kiosko, chocolatinas... En un acto de caballerosidad (de los pocos que creo que han de seguir conservándose), David se ofreció a mover las cajas mientras yo colocaba las cosas en su sitio.
Todo iba bien. En diez minutos estaría fuera y podría irme tranquilamente a mi casa, dónde me esperaba Ángel con cena y, seguramente, poca ropa.
De repente, mientras colocaba las Pringles en el estante oí un golpe seco, seguido de un quejido:
- Mierda, joder.
David había perdido el equilibrio y se había caído. Acudí a su lado con rapidez.
-No está roto - murmuré - Voy a por hielos.
El bar de enfrente estaba a punto de cerrar pero llegué a tiempo. Cuando regresé con un vaso de litro lleno de cubitos, David, que había pensado un poquito más que yo,se había colocado un par de Coca-Colas de la máquina en el tobillo.
Esperamos a que la hinchazón bajase y al ver que le dolía tanto y que no mejoraba mucho, me empeñé en llevarle a Urgencias.
- Tengo la bici ahí, puedo ir solo.
- Sí, claro. Con el pie jodido. ¿Tú eres tonto?
Llamé un taxi que tardó más de veinte minutos y, después de dos horas en urgencias entre comas etílicos y heridas de botellazos (la gente debe estar muy agresiva últimamente) y un pobre hombre que estaba sufriendo un infarto, nos atendieron.
Esguince de segundo grado, doce días de escayola.
David se enfadó, no sé muy bien si consigo mismo o con el médico, o con los dos.
Tuve que llevarle a casa y aguantar sus protestas. No quería tomar el antiinflamatorio, decía que prefería nosequé remedio natural así que le ignoré y le llevé un vaso de agua.
Con un taburete y un cojín para apoyar la pierna, lo acomodé en el salón.
David vive con su hermana pequeña y su madre en un duplex precioso. Su madre está viuda y, últimamente, se ve con un dentista divorciado. De hecho, están pensando en boda, según me explicó. De esta forma, estaba solo casi todos los días en casa porque su progenitora y la pequeña iban a dormir al chalet del odontólogo.
Como ahora están de vacaciones en Praga, no había nadie que lo cuidase. Me dio bastante pena y decidí quedarme. Llamé a Angel que refunfuñó, más melancólico que enfadado y ayudé a mi compañero a trasladarse a su habitación.
Su cuarto era tal y como yo me había imaginado. Un tapiz enorme de un sol en la pared, una alfombra india y velitas repartidas por las estanterías. Olía a incienso. En el escritorio tenía miniaturas de distintas series manga (sólo reconocí Full Metal Alchemist), dados de rol y una cachimba. En la estantería, había alguna novela, obras de Marx, los libros de Harry Potter, la biografía del Che Guevara y un montón de comics.
- Mira que eres rarito, niño - le dije - Que tienes lo mismo de hippie que de freaky.
- Prefiero que digas que soy original - me reí.
- Vale, chico original - le ayudé a meterse en la cama y me senté a su lado.
-¿ Por qué te estás portando tan bien conmigo? Quiero decir, estabas enfadada.
- Ummm... Siempre me han gustado las obras de caridad. Además, una cosa es que me molestase algo que tú hicieras y otra que te deje solo en una casa vacía sin muletas y sin poder ni siquiera andar.
Nos quedamos en silencio pero él no tardó en romperlo.
- Perdóname. Fue una tonteria.
- ¿ Por qué lo hiciste?
- No lo sé - suspiró y me miró con esos ojos verdes que, pensé, son demasiado bonitos - Supongo que me atraías, me llamabas la atención y quería conocerte.
- ¿ Y no podías pedirme que tomase un café contigo? Sabes, suele funcionar mejor que tomar identidades falsas.
- En ningún momento, nada de lo que te dije fue mentira. Mi identidad no era falsa, sólo que no era desconocida. ¿Y si te hubiese pedido que tomaras algo conmigo me habrías contado todo lo que dijiste?
- No, no suelo ir contando a la gente que le soy infiel a mi novio con desconocidos. No me gusta que me cataloguen de zorra tan pronto.
- La gente es más sincera hablando por Internet, creeme.
- Supongo que de eso sabrás tú más.
Volvimos a callarnos. Esta vez me tocó a mí hablar:
- No voy a echarme un polvo contigo, David.
- En ningún momento he partido de ahí.
Me tumbé a su lado y ahuequé la almohada. Le miré a la cara, muy de cerca.
- Además, nunca cabalgo en la primera cita. - bajé mi tono de voz, más sensual
- Hay otras formas, amazona - sonreí con su juego de palabras.
- Ya has oído al médico, no puedes hacer esfuerzos. - nos reimos a la vez.
- Me recupero pronto - prometió
Estuvimos hablando toda la noche. En algún momento, debí de quedarme dormida.
Esta mañana,cuando me desperté, aún él soñaba. Le miré con ternura, las rastas despelujadas, su expresión de niño travieso. Se abrazaba a la almohada. No pude evitar besarle en la frente. Me fuí antes de que se despertase y me llevé sus llaves, tenía que conseguirle unas muletas.
Esta semana era la última en el ciber ( y no he cobrado 350 euros sino bastante más, malentendido que me ha llevado una alegría). Después del cabreo que tenía y que David no paraba de solucionar, llegué con él a un acuerdo. No iba a negarle la palabra pero tampoco a hablar del tema. Conversaciones triviales. Punto.
Y así hasta ayer. Sin embargo, anoche sucedió algo.
Mi madre me dice que soy un imán para los accidentes. Si no salgo perjudicada, tarde o temprano,mi mala suerte afectará a las personas que me rodean. Y su teoría tiene una base empírica. No obstante, nunca ha ocurrido nada más grave que algún moratón o un brazo roto.
Hacía tiempo que mi gafe no me perjudicaba ni a mí ni a nadie. Pero, claro, tenía que pasar. Y ayer fue el momento preciso.
David y yo estábamos organizando los pedidos que habían llegado. Lo típico, las latas para la máquina, bolsas de patatas y similares para el kiosko, chocolatinas... En un acto de caballerosidad (de los pocos que creo que han de seguir conservándose), David se ofreció a mover las cajas mientras yo colocaba las cosas en su sitio.
Todo iba bien. En diez minutos estaría fuera y podría irme tranquilamente a mi casa, dónde me esperaba Ángel con cena y, seguramente, poca ropa.
De repente, mientras colocaba las Pringles en el estante oí un golpe seco, seguido de un quejido:
- Mierda, joder.
David había perdido el equilibrio y se había caído. Acudí a su lado con rapidez.
-No está roto - murmuré - Voy a por hielos.
El bar de enfrente estaba a punto de cerrar pero llegué a tiempo. Cuando regresé con un vaso de litro lleno de cubitos, David, que había pensado un poquito más que yo,se había colocado un par de Coca-Colas de la máquina en el tobillo.
Esperamos a que la hinchazón bajase y al ver que le dolía tanto y que no mejoraba mucho, me empeñé en llevarle a Urgencias.
- Tengo la bici ahí, puedo ir solo.
- Sí, claro. Con el pie jodido. ¿Tú eres tonto?
Llamé un taxi que tardó más de veinte minutos y, después de dos horas en urgencias entre comas etílicos y heridas de botellazos (la gente debe estar muy agresiva últimamente) y un pobre hombre que estaba sufriendo un infarto, nos atendieron.
Esguince de segundo grado, doce días de escayola.
David se enfadó, no sé muy bien si consigo mismo o con el médico, o con los dos.
Tuve que llevarle a casa y aguantar sus protestas. No quería tomar el antiinflamatorio, decía que prefería nosequé remedio natural así que le ignoré y le llevé un vaso de agua.
Con un taburete y un cojín para apoyar la pierna, lo acomodé en el salón.
David vive con su hermana pequeña y su madre en un duplex precioso. Su madre está viuda y, últimamente, se ve con un dentista divorciado. De hecho, están pensando en boda, según me explicó. De esta forma, estaba solo casi todos los días en casa porque su progenitora y la pequeña iban a dormir al chalet del odontólogo.
Como ahora están de vacaciones en Praga, no había nadie que lo cuidase. Me dio bastante pena y decidí quedarme. Llamé a Angel que refunfuñó, más melancólico que enfadado y ayudé a mi compañero a trasladarse a su habitación.
Su cuarto era tal y como yo me había imaginado. Un tapiz enorme de un sol en la pared, una alfombra india y velitas repartidas por las estanterías. Olía a incienso. En el escritorio tenía miniaturas de distintas series manga (sólo reconocí Full Metal Alchemist), dados de rol y una cachimba. En la estantería, había alguna novela, obras de Marx, los libros de Harry Potter, la biografía del Che Guevara y un montón de comics.
- Mira que eres rarito, niño - le dije - Que tienes lo mismo de hippie que de freaky.
- Prefiero que digas que soy original - me reí.
- Vale, chico original - le ayudé a meterse en la cama y me senté a su lado.
-¿ Por qué te estás portando tan bien conmigo? Quiero decir, estabas enfadada.
- Ummm... Siempre me han gustado las obras de caridad. Además, una cosa es que me molestase algo que tú hicieras y otra que te deje solo en una casa vacía sin muletas y sin poder ni siquiera andar.
Nos quedamos en silencio pero él no tardó en romperlo.
- Perdóname. Fue una tonteria.
- ¿ Por qué lo hiciste?
- No lo sé - suspiró y me miró con esos ojos verdes que, pensé, son demasiado bonitos - Supongo que me atraías, me llamabas la atención y quería conocerte.
- ¿ Y no podías pedirme que tomase un café contigo? Sabes, suele funcionar mejor que tomar identidades falsas.
- En ningún momento, nada de lo que te dije fue mentira. Mi identidad no era falsa, sólo que no era desconocida. ¿Y si te hubiese pedido que tomaras algo conmigo me habrías contado todo lo que dijiste?
- No, no suelo ir contando a la gente que le soy infiel a mi novio con desconocidos. No me gusta que me cataloguen de zorra tan pronto.
- La gente es más sincera hablando por Internet, creeme.
- Supongo que de eso sabrás tú más.
Volvimos a callarnos. Esta vez me tocó a mí hablar:
- No voy a echarme un polvo contigo, David.
- En ningún momento he partido de ahí.
Me tumbé a su lado y ahuequé la almohada. Le miré a la cara, muy de cerca.
- Además, nunca cabalgo en la primera cita. - bajé mi tono de voz, más sensual
- Hay otras formas, amazona - sonreí con su juego de palabras.
- Ya has oído al médico, no puedes hacer esfuerzos. - nos reimos a la vez.
- Me recupero pronto - prometió
Estuvimos hablando toda la noche. En algún momento, debí de quedarme dormida.
Esta mañana,cuando me desperté, aún él soñaba. Le miré con ternura, las rastas despelujadas, su expresión de niño travieso. Se abrazaba a la almohada. No pude evitar besarle en la frente. Me fuí antes de que se despertase y me llevé sus llaves, tenía que conseguirle unas muletas.
jueves, 24 de julio de 2008
ENFADO
Queridos cómplices:
No sé cómo empezar: estoy muy enfadada. No me gusta que se rían de mí y lo han hecho.
Después de dos días hablando con Gamma, estaba casi segura de que había conocido a alguien muy especial. Atrevido, sincero, algo erótico, travieso, simpático... Claro que no me fío de Internet, nunca lo he hecho pero... supongo que, cuando nos aburrimos, buscamos emociones dónde no las hay.
Esta tarde, después de compartir una bolsa de patatas con David (el ciber va a acabar con mi paciencia y mi silueta), volví a chatear con mi nuevo contacto.
Todo iba bien y, al fin, le convencí de que me pasase su foto. Tenía curiosidad; era posible que lo conociese (frecuentamos sitios parecidos) , puede que me hubiese cruzado un día, que fuese un desconocido... Esperé a que descargase el archivo (lo bueno de no robarle red a los vecinos es que no tardó nada) y abrí el documento.
¡No me lo podía creer! Parecía imposible... No podía ser... Aquel chico que salía en la foto, era David. Sí, mi compañero de trabajo (o mejor dicho, el de Fran). Ahí estaba, sonriendo a cámara, con esos ojazos verdes y sus rastas... Increíble.
Estaba claro de que alguien había robado su foto, algún conocido o un idiota que se dedica a pasearse por tuentis y fotolog. También podría ser que, por casualidad, nos hubiésemos encontrado en el chat. El chico nunca me había parecido tan profundo como Gamma pero ya se sabe que las apariencias engañan...
Me puse muy nerviosa. No sabía que hacer y, entonces, le miré.
¡Él me estaba mirando a mí! ¡Y se estaba riendo! Estaba claro que sabía que había hablado conmigo en todo momento. Y le he contado muchas cosas. Me sentí muy violenta y también muy enfadada. No me gusta que jueguen conmigo.
Así que, cómo estábamos a punto de cerrar, apagué el ordenador y me levanté. Uno de los chicos habituales me detuvo para decirme que le pasaba no se qué de un troyano.
- Díselo a David, que sabe de todo mucho. - dije en voz alta. El aludido me dijo algo, supongo que para detenerme. Pero a mí me había dado tiempo a coger mi bolso y largarme de allí. Él se encargaría de recoger todo.
Sé que mi actuación ha sido bastante infantil. No puedo decir nada a mi favor, sólo que me pudo la rabia y la vergüenza. Lo peor es que mañana me toca verle y, seguramente, escuchar un montón de tonterías. De momento, Fran me ha escrito un sms, diciéndome que su compañero le ha llamado, que está muy preocupado.
A veces, pienso que lo que no me pasa a mí no le pasa a nadie.
No sé cómo empezar: estoy muy enfadada. No me gusta que se rían de mí y lo han hecho.
Después de dos días hablando con Gamma, estaba casi segura de que había conocido a alguien muy especial. Atrevido, sincero, algo erótico, travieso, simpático... Claro que no me fío de Internet, nunca lo he hecho pero... supongo que, cuando nos aburrimos, buscamos emociones dónde no las hay.
Esta tarde, después de compartir una bolsa de patatas con David (el ciber va a acabar con mi paciencia y mi silueta), volví a chatear con mi nuevo contacto.
Todo iba bien y, al fin, le convencí de que me pasase su foto. Tenía curiosidad; era posible que lo conociese (frecuentamos sitios parecidos) , puede que me hubiese cruzado un día, que fuese un desconocido... Esperé a que descargase el archivo (lo bueno de no robarle red a los vecinos es que no tardó nada) y abrí el documento.
¡No me lo podía creer! Parecía imposible... No podía ser... Aquel chico que salía en la foto, era David. Sí, mi compañero de trabajo (o mejor dicho, el de Fran). Ahí estaba, sonriendo a cámara, con esos ojazos verdes y sus rastas... Increíble.
Estaba claro de que alguien había robado su foto, algún conocido o un idiota que se dedica a pasearse por tuentis y fotolog. También podría ser que, por casualidad, nos hubiésemos encontrado en el chat. El chico nunca me había parecido tan profundo como Gamma pero ya se sabe que las apariencias engañan...
Me puse muy nerviosa. No sabía que hacer y, entonces, le miré.
¡Él me estaba mirando a mí! ¡Y se estaba riendo! Estaba claro que sabía que había hablado conmigo en todo momento. Y le he contado muchas cosas. Me sentí muy violenta y también muy enfadada. No me gusta que jueguen conmigo.
Así que, cómo estábamos a punto de cerrar, apagué el ordenador y me levanté. Uno de los chicos habituales me detuvo para decirme que le pasaba no se qué de un troyano.
- Díselo a David, que sabe de todo mucho. - dije en voz alta. El aludido me dijo algo, supongo que para detenerme. Pero a mí me había dado tiempo a coger mi bolso y largarme de allí. Él se encargaría de recoger todo.
Sé que mi actuación ha sido bastante infantil. No puedo decir nada a mi favor, sólo que me pudo la rabia y la vergüenza. Lo peor es que mañana me toca verle y, seguramente, escuchar un montón de tonterías. De momento, Fran me ha escrito un sms, diciéndome que su compañero le ha llamado, que está muy preocupado.
A veces, pienso que lo que no me pasa a mí no le pasa a nadie.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
