miércoles, 2 de septiembre de 2009

Una explicación

Queridos cómplices:

Volver a ver a Mario me desestabilizó totalmente.
Lo que pasara o no en el hostal es lo de menor importancia pero sirvió para darme cuenta que los primeros amores nunca se olvidan.
- Vente conmigo, Mía.
¡No, otra vez no! Eso me dijo cuando se marchó la primera vez... Y yo elegí la vida regular, los pantalones de pitillo y las copas de los viernes por la noche. Me pidió que me fuera con él, que dejase todo... Yo le pedí lo contrario, que renunciase a sus sueños, que se quedara conmigo...
Él marchó a Holanda y yo me quedé naufragada en el país del sol y la paella, pensando dónde estaría, rogando por una carta suya que nunca llegó, recordándolo entre mis sábanas y olvidándolo entre lágrimas.
Y, otra vez, vuelta a lo mismo. Pero yo puedo estar un verano vendiendo pulseras no una vida entera y, además, ¿por qué debía renunciar yo a la vida que había hecho sin él con la única intención de echarlo de mi cabeza?
- No es justo que me digas ésto ahora.
- Lo sé... Pero me gustaría tanto...
- Quizás en otra vida.
- Te llamaré, te escribiré, lo prometo...
- Eso me dijiste la última vez - repuse dolorida.
- Yo también trataba de olvidarte.
Es triste la evidencia de que dos personas están hechas la una para la otra pero que nunca conseguirán estarlo.
Así que pasamos una tarde juntos que abrió todas las heridas que creí suturadas.
Y he seguido mirando el buzón día tras día por mucho que cualquiera me dijera que no lo hiciera.
Hasta que hoy... he recibido una carta sin remite... Sé que es de él pero no me atrevo a abrirla.
No quiero volver a caerme de nuevo...
No puedo...

Estos meses han sido horribles sin él... Todo unido a que Ángel me falló mucho más de lo que yo le pudiera fallar a él.
David me aguantó paciente mis lamentos... Hasta que un día dijo
- Miita... Estás empezando con depresión así que o vas a un psicólogo o te llevo arrastras.
Y en esas he estado: ansiedad, vómitos, horas sin dormir, llorar y más llorar, todos los problemas que no solucioné en algún momento de mi vida de repente afloraron.
He tardado tiempo en volver a encontrarme... En ser Mía de nuevo...
Así que he vuelto y espero no tener ya que irme.
Por eso, me da tanto miedo abrir esa carta.