lunes, 8 de septiembre de 2008

Vacaciones (parte 2)

Queridos cómplices:


A partir del momento en que yo accedí al trío con Estrella y el informático, las cosas parecían haber vuelto a la normalidad. Ni habíamos vuelto a hablar del asunto.
Sin embargo, ya el viernes siguiente empecé a sospechar que aquello estaba a punto de pasar. El chico nos invitó a cenar a un lugar muy íntimo, con velitas en las mesas y música relajada.
Nuestra mesa estaba un poquito apartada del resto pero eso no impidió darme cuenta: todo eran parejas. Y claro, ahí estaba yo, leyendo la carta con nerviosismo.
Pronto sentí una mano cálida en mi rodilla. Intenté mantenerme inexpresiva como si no estuviese notando nada. Discretamente, eché una mirada por encima del librillo. Estrella tenía ese gesto suyo juguetón que pone cuando está haciendo manitas con alguien. Nos estaba metiendo mano a las dos a la vez.
Cuando llegamos al postre, yo había perdido la cuenta de las copas de vino y champagne que llevaba. No me gusta el vino y no suelo beber mucho pero supe que aquella situación lo exigiría. Con la última cucharada de tarta, la mano izquierda del chico de las computadoras navegaba por entre mis muslos.
Yo estaba algo mareada así que cuando nos subimos en su coche, bajé la ventanilla y empezó a invadirme un sopor profundo.
Cuando quise darme cuenta, estaba en la habitación 111 de un hotel (no me acuerdo mucho de esa noche pero fue un número que me llamó la atención). Entré en el baño y me lavé la cara. Un poco más despejada salí del aseo y casi volví a encerrarme corriendo. Estrella esperaba en braguitas encima de la cama mi aparición.
No sé de dónde había salido otra botella de champán pero dí buena cuenta de ella rápidamente. Me uní a la pareja, temerosa. Sé que lo desnudamos entre las dos y yo fui la siguiente en quedar sin ropa. No recuerdo mucho del resto, sólo escenas. Al principio, todo era un juego. Le estuvimos calentando, de eso si me acuerdo. Y él no podía más.
No sé en que momento penetró a mi amiga. La veía galopar sobre él y yo le besaba. El informático me acariciaba lascivamente y me lamía todo mi torso. Le excitaba pellizcarnos los pechos a ambas a la vez. Mientras se corría, me introdujo un dedo de forma brusca en la vagina.
Nada de aquello era agradable para mí. No me sentía cómoda; era sólo un juguete sexual en manos de un obseso con una segura falta de autoestima. Tendría que haber salido de allí corriendo; ni siquiera sé porque no lo hice. Supongo que la situación me pudo. Ya no era ni por Estrella; no se hubiese enfadado conmigo si me hubiera largado. Lo habría entendido a la perfección.
Afortunadamente, el alcohol consiguió dos cosas: desinhibirme y dejarme lagunas que, seguramente, me han ahorrado recuerdos aún peores que los que tengo.
Mientras él descansaba un poco, me dormí. Me desperté de forma muy brusca. El informático, fuera de sí, intentaba practicarme sexo oral de forma salvaje mientras mi amiga le hacía una felación. Me dejé hacer, intentando que nuestras miradas no se cruzasen. En algún momento, me penetró con su puño.
Estrella me ha contado que su amante folló conmigo dos veces: una encima de mí, otra como un perrito. Debía estar bastante inconsciente, no tengo nada en mi memoria. O quién sabe, lo mismo es un mecanismo de autodefensa.
Cuando me desperté eran las tres de la tarde. Me dolía la cabeza, tenía una sed horrible y la boca pastosa. Estrella y yo compartíamos cama, ambas desnudas. El informático había salido.
Volví a vomitar (debía ser la tercera vez que lo hacía); creo que más por naúseas y asco que por la resaca.
Fui al baño, me miré al espejo. Tenía marcas de mordiscos por la mitad de mi cuerpo y una cara de zombi de serie B. Me vestí corriendo. No quería mirar al informático a la cara así que me fui de allí, dejándole una nota a mi amiga en la almohada.
La verdad es que no tenían culpa de nada. Yo había aceptado y nadie me había obligado. Pero nunca me había sentido tan sucia, tan vacía... ¿Cómo podía haberme dejado llevar a este punto? ¿Valgo tan poco? Tengo que reconocerlo, no soy una santa. Y sí, soy un poco zorra aunque tenga mis excusas. Pero no soy un simple objeto ni una muñeca hinchable. Tenía el alma y mi amor propio hecho pedacitos así que me fui a la playa con la misma ropa con la que había salido la noche anterior.
Me abracé a mí misma e intenté respirar. Estaba al borde de un ataque de ansiedad. Sólo quería desahorgarme y llorar, que alguien que me conociese de verdad me dijese que no era tan mala, que no era una basura, que me merecía algo. Saqué el móvil y marqué un número. David me contestó al otro lado.

martes, 2 de septiembre de 2008

VACACIONES (parte 1)

Queridos cómplices:

Siento haberme ausentado durante todos estos días.
Estuve cerca de quince días en Galicia y, luego, mi madre me pidió que me pasase por casa, por eso de acordarse de que tiene una hija.
La verdad es que nunca he hablado de mi familia...Y ahora me estoy dando cuenta. Pero eso lo dejaré para otro día... Comencemos por mi experiencia en Galicia que ha sido algo más que interesante.
Estrella es una de mis mejores amigas. La conocí hace tres años cuando decidió presentarse a nosotros, sus vecinos, ya que mi hermano mayor iba a ser su próxima víctima. A esta niña siempre le han gustado los chicos mayores que ella lo que le ha causado más que un disgusto. Fer no era ninguna excepción y, después de una escabrosa historia rota por una estupidez compartida , quedaron como amigos. Amigos que no pueden verse sin caer uno en los brazos del otro.
Mi hermano vive conmigo. Lo que pasa que este año pasado se fue de Erasmus a Alemania y, por esa razón, Estrella ha estado más tranquilita que de costumbre, pisando mi casa sin el temor de acabar en un cuarto que no es el mío.
Pero ese ciego amor por Fer no le ha impedido que viva lo suyo. No es de piedra pero tampoco es tonta. Y siempre logra sorprenderme. Por eso, cuando me llamó al borde de la crisis, sabía que algo se le estaba yendo de las manos.
Así era. Estrella había conocido a un imponente treintañero. Es ingeniero informático y trabaja para IBM. Dejaré su nombre para el anonimato. El chico está soltero y sin compromiso y parecía haber descubierto en mi amiga una buena compañía estival.
Cuando llegué a la estación, Estrella no pudo esperar ni siquiera a que su padre y su hermano me ayudasen con la maleta. Me llevó de la mano corriendo al baño. Y allí me contó todo sobre el informático. No comprendía muy bien cuál era el problema hasta que me saltó de golpe:
- Quiere que hagamos un trío.
- ¿Qué? Pero vamos a ver, ¿tú quieres hacerlo?
- Creo que sí.
- Entonces, ¿qué problema hay?- empecé a dar vueltas a la razón por la que me había hecho irme corriendo al noroeste de España.
- No sé cómo explicarlo.
El hermano de Estrella, Manu , ya nos estaba dando toques al móvil y tuvimos que salir de allí.
En el coche me dediqué a hablar amablemente con la sección masculina de la familia de mi amiga y, de propina, tontear de forma sutil con Manu.
Cuando llegamos ya a casa, su madre nos esperaba con la cena hecha y miles de historias que contar. Ya era cerca de la una cuando fui a ordenar mis cosas a mi habitación y Estrella subió corriendo detrás de mí. Mientras me lavaba los dientes, ella no paraba de mirarme como si quisiese soltar algo y, de repente lo hizo:
- Quiero hacer el trío contigo.
Me atraganté y empecé a escupir espuma, inclinada sobre el lavabo. Cuando conseguí respirar, la miré. Estaba sonrojada y tenía una expresión de cautela. Yo no sabía como reaccionar.
¿Un trío con otra chica? Si fuese con dos chicos, no lo hubiese dudado ni un segundo. Es una fantasía enorme que me lleva acompañando desde mi adolescencia pero ¿con una chica? ¿Y, sobretodo, con Estrella?
- ¿Por qué yo?- la idea de que mi amiga fuese bisexual y que, de propina, le pusiese estaba apareciendo.
- Mira, Mía... Es algo que me da miedo y necesito una amiga a mi lado.
Me ahorré de recordarle que iba a tener a su amiga a su lado, pero sí, desnuda y follándose a su novio.
- Vamos a ver. Si no quieres, ya está. Si tienes miedo, no lo hagas. Es un rollo de verano, cariño. No tienes porqué esforzarte.
- Es algo que, no sé, se lo prometí y... es una experiencia más, ¿no?
- Me estás pidiendo un favor muy grande.
- Lo sé.
- Y me sienta muy mal esta encerrona. Tenías que habermelo dicho antes de venir.
- Lo siento. Era algo que prefería decírtelo a la cara. ¿Qué quieres, que te llame al móvil y te diga: Hola Mía, ¿qué tal el verano?¿quieres hacer un trío conmigo?
- No sé... Pero es que yo no sé como puedo sentirme en esa situación. Nunca he pensado en practicar sexo con una tía y ni siquiera sé cómo es tu informático.
- Frena - Estrella quería explicarse y no la estaba dejando - Lo primero, no te sientas obligada a nada. Conocerías a este chico y si te gusta y te acaba apeteciendo, lo haces. Si no, no me va a sentar mal; no te estoy pidiendo que me prestes un vestido. Lo segundo, él no quiere dos lesbianas dándose el lote frente a él, es uno de los pocos tíos que no le llama la atención, sino dos chicas para él solito.
Dudé un instante:
- Preséntamelo y luego ya veremos.
Dicho y hecho, esa misma noche ya me encontraba en el paseo marítimo con la curiosa pareja. Él contrasta mucho con mi amiga. Si ella es pálida y pelirroja; este tiene una piel morena y un pelo engominado y castaño precioso. No es mi estilo para nada pero no está para hacerle ningún asco. Además es amable, simpático, cortés y le encanta invitar (para algo tiene un sueldo estable).
Cuando nos fuimos a la cama, Estrella me dió un beso en la frente de buenas noches (sí, en el fondo es muy maternal).
- ¿Qué te ha parecido?
Esperé unos segundos en silencio y le respondí:
- Venga, va, ¡lo haré! - me resigne. Ella lanzó un grito de júbilo y se abalanzó sobre mí, abrazándome - Pero que esto no lo sepa nunca Anabel.